Los compromisos

Publicado en Libertad Digital el 2 de abril de 2014

El Gobierno ha aprobado el repliegue de los Grupos de Acción Rápida de la Guardia Civil del País Vasco. Los argumentos se basan en motivos de operatividad, de optimización de recursos, de presupuesto y de “inminente” derrota de Eta. Ni una sola palabra sobre la insistente exigencia en este sentido de los nacionalistas.

La noticia se ocultó en una disposición general más amplia del boletín oficial interno de la Guardia Civil y no ha merecido prácticamente ninguna explicación ni valoración por parte del Gobierno, que mantiene una actitud de silencio sistemático acerca de todas las decisiones que toma con respecto a la política antiterrorista y que no opina jamás sobre la estrategia del Gobierno vasco y su utilización de ingentes recursos públicos en apoyar los planteamientos propagandísticos de los entornos proetarras.

Que el Gobierno vasco se emplee a fondo en elaborar planes de “paz y convivencia” que ponen en el mismo plano a las víctimas del terrorismo y a las que ellos mismos denominan –sin ningún tipo de sin pruebas– víctimas de “abusos policiales” es lo previsible; que a continuación lleven a esas supuestas víctimas, que no son más que vulgares etarras llenos de odio, a los colegios para que adoctrinen a los niños, también es previsible en un partido con la trayectoria del PNV; que financie investigaciones sobre torturas contra los Cuerpos de Seguridad del Estado forma parte de su condición; pero que el Gobierno de España calle ante semejantes afrentas que cuestionan la honestidad y la legitimidad del Estado para combatir el terrorismo es desconcertante e incomprensible.

¿Por qué calla el Gobierno? ¿Por qué oculta el Gobierno? ¿Por qué inexorablemente van cayendo los bastiones que nos defendían de la legitimación de la banda y garantizaban su derrota?

Primero fue la legalización de sus partidos políticos, el vientre de alquiler que acabó pariendo una criatura que crece, se hace fuerte y controla importantes instituciones en el País Vasco. Después vino la oportuna derogación de la Doctrina Parot por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos –Europa como coartada–. A continuación, el regreso de los terroristas huidos, que no son otros que los que han conseguido que sus crímenes prescribieran porque el Estado no ha sido capaz de investigarlos con la debida diligencia, ni de detenerles para juzgarles y condenarles. Son por tanto terroristas impunes a los que la Administración española está informando solícitamente de que no tienen causas pendientes y les está facilitando los trámites burocráticos para volver, mientras a sus víctimas les niega la información acerca de cuáles son esos delitos que han prescrito y que afectan a sus familiares asesinados.

Y ahora es la Guardia Civil, que empieza a salir por la puerta de atrás para que el repliegue en el País Vasco de Policía y Guardia Civil sea otro de los compromisos cumplidos.

Hemos llegado a tal extremo que han tenido que ser las propias víctimas del terrorismo, a través de la organización Covite –y no el Gobierno, que permaneció pasivo–, quienes han desenmascarado la pantomima de la entrega de armas de Eta, al pedir a la Audiencia Nacional que interrogase a los verificadores. Y hemos tenido que escuchar también –ante otro silencio atronador de nuestros gobernantes– al lendakari Urkullu reclamando que se destruyan las armas que pueden conducir al esclarecimiento de asesinatos sin resolver y mostrando su satisfacción por que el presidente del Gobierno le esté “dejando hacer con discreción” mientras conmina a que se aplique una política penitenciaria específica para que los etarras no beneficiados por la derogación de la Doctrina Parot salgan de la cárcel lo antes posible.

Ante este panorama, no es extraño que exista una profunda desconfianza entre las víctimas y un fundado temor a que los terroristas finalmente no cumplan sus condenas, bien porque muchos ni tan siquiera sean juzgados, bien porque reciban penas insuficientes, obtengan beneficios penitenciarios o directamente porque sean indultados por el Gobierno, a poder ser con discreción. Otro compromiso, uno más, que, si no lo evitamos, nos conducirá a ese final en el que las víctimas dejarán de ser un referente moral y Eta será una organización política digna de todos los respetos.

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Los presos

Publicado en Libertad Digital el 9 de febrero de 2014

Todos sabemos -aunque se busquen excusas o se culpe a otras instancias- que las excarcelaciones provocadas por la derogación de la doctrina Parot son consecuencia de decisiones políticas, como lo fue la sustitución antes de plazo del juez que representaba a España en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por otro que defendiese la postura de los jueces discrepantes de la sentencia del Tribunal Constitucional que avaló la doctrina. Al igual que sabemos que la rapidez con que se ha ejecutado la sentencia haciéndola extensiva al resto de reclusos en situación similar responde al propósito de no prolongar en el tiempo el fortísimo desgaste de imagen para el Gobierno que supondría el goteo de setenta asesinos abriendo los telediarios con sus alborozadas salidas de la cárcel y los exultantes recibimientos en sus pueblos. Era mejor sacarlos por tandas y así, en pocas semanas, se daba carpetazo al asunto y se podía seguir centrando el discurso gubernamental en lo bien que va la economía en lugar de tener que echar balones fuera con frágiles argumentos responsabilizando a otros de las omisiones propias.

Una vez cumplido el compromiso de la derogación de la doctrina Parot, no hay pausa ni tregua. El PNV en connivencia con las nuevas marcas políticas de Eta, presiona, exige, fuerza, al Gobierno a llevar a cabo un proceso por fases para que los terroristas que aún están en la cárcel salgan lo antes posible. Si el Gobierno ante estas presiones respondiese alto y claro, pública y rotundamente que no va a asumir ningún plan específico para favorecer a los más repugnantes asesinos de España; si nos dijese a todos que no hay motivo para preocuparse porque la ley se va a cumplir y las sentencias también, no habría razón alguna para sentir inquietud, incertidumbre, miedo o desconfianza por lo que pueda ocurrir. Sin embargo no es así. El Gobierno calla, el Gobierno oculta, el Gobierno prefiere no contar que se reúne en secreto con el PNV, ni por supuesto de qué hablan, y sus desmentidos acerca de la asunción de los planes de excarcelaciones por fases propuesto por el Gobierno Vasco, suenan a engaño o a excusa.

El silencio, la opacidad, la omisión de la palabra justicia cuando se intenta tranquilizar a las víctimas, indican una voluntad entreguista, un abandono de los planteamientos propios asumiendo los contrarios a los que antes se defendían con convicción. Aquella frase que Rajoy pronunció en 2005 en el Congreso acusando a Zapatero de “cambiar de dirección, traicionar a los muertos y permitir que ETA recupere las posiciones que ocupaba antes de su arrinconamiento” se vuelve hoy como un boomerang contra el propio presidente que, sin explicaciones, también ha cambiado de dirección.

Ante la preocupante política que pretenden imponer los nacionalistas y viendo que no hay más reacción a las alarmas que la negación de la realidad, me permito SUPLICAR al Gobierno que vuelva a cambiar de dirección, que recupere la senda de la defensa a ultranza del Estado de Derecho, que diga no a los planes del PNV, que diga sí a las peticiones de justicia de las víctimas. Y que establezca una posición firme también en lo que respecta a la maligna propaganda impulsada por los nacionalistas para legitimar el terrorismo con infamias tan graves como la equiparación entre víctimas del terrorismo y “victimas de abusos policiales” -¿quién determina quienes son y por qué razones? ¿Quiénes son esos policías abusadores ó lo son en su conjunto las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado? ¿De verdad se va a tolerar con impavidez que los familiares de presos terroristas acudan a los colegios vascos a envenenar la inocencia de los niños? ¿Es que no comprenden que si se continúa siguiendo la estela del PNV serán los propios terroristas quienes acaben impartiendo doctrina no solo en los colegios, sino en todos los espacios públicos?

Y si realmente no se piensa en aplicar los inmorales planes del PNV, ¿A qué viene tanta reunión secreta y tanta opacidad? El tiempo dirá si la desconfianza que la actitud del Gobierno provoca, está fundada o no. Nada me gustaría más que equivocarme en mis recelos.

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¿Cúal es nuestra hoja de ruta?

Publicado en El Mundo el 24 de enero de 2014

Resulta sorprendente la naturalidad con la que se ha recibido la noticia de que el Gobierno Vasco y el entorno de Eta, por no decir directamente Eta, colaboran y elaboran documentos conjuntos para marcar directrices y consensuar políticas que después pretenden –y consiguen- imponer al Gobierno de España. En muchas de las ocasiones en que Urkullu ha solicitado y obtenido una reunión con el Presidente –y han sido bastantes, unas veces públicas y otras secretas- ha acudido a proponer políticas e iniciativas previamente acordadas de forma encubierta con Eta –tal y como acabamos de saber- actuando así como correa de transmisión de los planteamientos políticos de los terroristas, muchos de los cuales el PNV comparte.

Así, poco a poco, con perseverancia y astucia, se está consiguiendo llevar adelante una concienzuda estrategia destinada a facilitar la “inserción social” de Eta y a neutralizar y desacreditar a quienes se oponen a ella. La pormenorizada “hoja de ruta” incautada por la policía debería escandalizarnos por demostrar palpablemente que quién está marcando la política ante –no contra- el terrorismo son los propios terroristas. En cambio, nos encontramos con que los nacionalistas se indignan porque consideran que actuar policialmente contra Eta es un obstáculo para la paz en lugar de abochornarse porque se descubra su repugnante compadreo con los terroristas. Lo cierto es que no nos escandalizamos, porque no nos sorprendemos, porque sabemos empíricamente el rol tutelar que ha jugado siempre el PNV con respecto al terrorismo y que continúa desempeñando en esta nueva fase.

Lo que a muchos sí nos sorprende y nos duele es la asunción por parte del Gobierno de la Nación de las tesis de los nacionalistas, su disposición a seguir sus pautas, a no “echar leña al fuego”, como recientemente hemos escuchado. Lo inquietante es el constante retroceso cesante en hacer prevalecer la verdadera acepción de conceptos como justicia, libertad, derechos humanos paz o convivencia que están siendo adulterados sin respuesta hasta convertirlos en ofensivas mentiras destinadas a justificar lo injustificable. Lo preocupante es que el Gobierno se fíe de quién no debe renunciando a aplicar sus propias políticas y plegándose a las que elabora el PNV con la propia Eta, como ya nadie puede negar, Lo alarmante es que el Gobierno no sea consciente de que las exigencias de los nacionalistas no tienen fin, que a cada logro obtenido sigue una reclamación mayor, que cada cesión les fortalece y nos debilita. Lo sorprendente es que el Gobierno no se dé cuenta de que el PNV y por ende el Gobierno Vasco, nunca se pondrá del lado del Estado de Derecho si enfrente está el “derecho a decidir”

Ya sabemos claramente cual es la hoja de ruta compartida del PNV y Eta que se podría resumir gráficamente en más fotos como la de Durango con nuevas remesas de asesinos excarcelados que muy pronto serán concejales y alcaldes, y en coordinarse de forma más o menos bien avenida para avanzar hacia su fin supremo de la independencia.

¿Tenemos nosotros una hoja de ruta para impedirlo?

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Lo que subyace

Publicado en Covite.org el 17 de enero de 2014

La manifestación del sábado 11 de enero en Bilbao fue monstruosa. Monstruosa por lo que se propugnaba en ella y monstruosa por los miles de personas que asistieron. Una enorme marea de indignidad recorrió las calles de Bilbao bajo el falso lema de la defensa de los derechos humanos y de la paz y cómo cabía esperar se lanzaron múltiples gritos y consignas a favor de los terroristas y de su impunidad.  ¿Cómo puede alguien creer a los líderes que movilizan y conducen a esa masa rabiosa ocultando su auténtico ser y sus objetivos bajo una terminología tramposa que invoca unos derechos que ellos mismos no respetan y una paz que ellos mismos han quebrado?

 Cuando uno se pregunta, espantado ante la contemplación de tantos miles de individuos que jalean a quienes han atacado salvajemente el principal derecho de todos los derechos que puedan existir,por qué tantas personas apoyan o justifican a una organización terrorista, la respuesta es -dolorosamente- que anteponen a su incoherente apelación a los derechos humanos su sacralizada obsesión nacionalista.

La causa está por encima de todo lo demás, la causa es la que explica que el PNV apoyara la manifestación a favor de la impunidad de ETA. La causa es lo que subyace en el, de otro modo incomprensible, respaldo social al terrorismo etarra. Y esa causa es la que les moviliza a todos, compañeros al fin, en el objetivo de la consecución de esa patrimonialización de lo vasco y de exclusión de los que no acepten sus  imposiciones. El PNV pone en el mismo plano de las “sensibilidades” a los asesinos y a sus víctimas y pretende la consecución de una paz en la que los crímenes de Eta quedan reducidos a meras acciones políticas -que además tenían su razón de ser-  cuyas consecuencias han de obviarse porque eso es lo que conviene para que la causa pueda seguirse defendiendo sin que los que han matado durante cincuenta años sean estigmatizados por la sociedad, como ocurriría en cualquier colectivo humano normal.

La manifestación del día 11 junto con la macabra y abyecta foto del matadero de Durango -que nunca debió producirse y cuya visión daña la sensibilidad de cualquier persona con conciencia sobre el mal- son un fracaso sin paliativos en la batalla por la deslegitimación social del terrorismo y en el objetivo irrenunciable de lograr su desaparición. Estamos perdiendo. Y lo estamos haciendo por confiar en quien no debemos, por otorgar lo que no debemos, por creer que cediendo posiciones contentamos o apaciguamos al enemigo -ETA es y será mientras exista enemigo de España y del propio País Vasco- por no ser capaces de calibrar la dimensión del peligro, por no decir basta a las constantes exigencias -¿chantajes?- de la banda, por desamparar a las víctimas y a los ciudadanos dignos que viven acosados, por haber dado cauce político a una organización terrorista, por no querer aceptar que el  PNV nunca se pondrá del lado del Estado de Derecho si enfrente está “el derecho a decidir”,  “la resolución del conflicto” o la “paz y la convivencia”. Esas falacias con las que los nacionalistas ocultan la miseria de sus actos y disfrazan su implacable determinación de conseguir la secesión del País Vasco. Lo que explica la perversión de las conciencias. Lo que subyace.

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Un gran final

Publicado en El Mundo el 31 de diciembre de 2013

 “Los vuestros en el hoyo, los nuestros en casa”. No hay frase que plasme mejor la crueldad de lo que está pasando. Lo han dicho en la calle los que en un calentón se han saltado la consigna de sus jefes de no ensañarse con las víctimas para que el interesado engaño del reconocimiento del daño causado proporcione los réditos pretendidos. Así, para quien no se empeñe en no verla, la verdad queda desnuda en su miseria ante todos. No es necesario leer entrelineas los calculados comunicados que elaboran los terroristas para ir avanzando en su estrategia. Esa frase pronunciada desde las visceras del odio más profundo lo dice todo. Esa frase es la que nos pone frente a la gran falacia que se pretende construir para esconder la dura realidad de las oscuras concesiones y claudicaciones que unos exigen y otros otorgan con burdas artimañas para intentar disimular el descrédito de sus actos.

 El descaro con el que los criminales marcan el camino al Gobierno sorprende y asusta pero asusta más la respuesta de quien debería tranquilizar a la sociedad española y muy en particular a las víctimas explicando alto y claro cual es su posición frente a las exigencias tan bien especificadas por Eta. ¿O acaso es al revés? La pretensión de que los criminales de Eta “se reinserten” utilizando leyes hechas a su medida es inadmisible y además es imposible porque todavía quedan muchos años para seguir investigando los cientos de asesinatos cometidos por Eta aún sin resolver -si, cientos- Y es muy posible que los ya excarcelados tengan que volver a ser juzgados cuando la diligencia de la Justicia vaya esclareciendo con su trabajo riguroso y libre del “polvo del camino” todos esos asesinatos cuya autoría aún no se conoce.

Y entonces, cuando esos criminales sean juzgados, se tendrán que establecer las condenas que contempla el nuevo Código Penal, los tan aireados cuarenta años y la prisión perpetua revisable a partir de los veinticinco años ¿O no? ¿O tenemos que aceptar que es necesario que los terroristas sean de facto considerados presos políticos con un trato diferencial y privilegiado sobre el resto de los delincuentes?

Nos dicen que no habrá indultos,  “excusatio non petita…” pero nada de las progresiones de grado ni de los acercamientos masivos que indefectiblemente se van a producir. Sería muy de desear que quién debe y puede calme el desasosiego que esta idea provoca e incluso la fundada desconfianza de muchos españoles ante una sucesión de  preocupantes planteamientos y hechos. Pero no lo harán porque no pueden hacerlo. Inexplicablemente, han decidido seguir consolidando la cada vez mayor legitimidad social y política de Eta y otorgarle la impunidad que exige.

“Los vuestros en el hoyo y los nuestros en casa”. No cabe mayor vileza, ni mayor clarividencia. Este será el  tan buscado final de Eta. Ellos orgullosos y victoriosos. Nosotros anonadados ante nuestra soledad y con la convicción de que no se respetará el derecho a la justicia de las víctimas. Mientras, las fuerzas que condenan el terrorismo -con su política de apaciguamiento- caen casi en la marginalidad en el País Vasco y crecen y se hacen fuertes los que la amparan y justifican. Buen punto y seguido para Eta, falso y peligroso final para España. ¿Estamos a tiempo de rectificar?

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Intervención en la presentación en Barcelona del libro “Cuando la maldad golpea”

13 de diciembre de 2013

Muy buenas tardes. Muchas gracias por haber venido hoy a acompañarnos en la presentación de este libro,sencillo y a la vez profundo, que nos pone ante la realidad cruda y dura de lo que es de verdad el terrorismo, sin veladuras ni disfraces que tamicen la destrucción que produce.

Porque el terrorismo no es más que maldad. Maldad, crueldad, inhumanidad, una maldad que ataca el derecho más elemental y más sagrado: el derecho a la vida. ¿Qué se puede exigir matando? ¿Qué se puede imponer con el terror?

Hoy estamos aquí dos personas que lo hemos sufrido directamente y que hemos participado en este libro, pero son miles las que a lo largo de cincuenta años han padecido los efectos del terrorismo. 829 las que han muerto, a las que les truncaron un futuro que les pertenecía y que ya nunca podrán tener. 55 de esas personas han sido asesinadas aquí, en esta Comunidad, desde que en 1975 Eta disparó contra el policía nacional Ovidio López. Aquí se han padecido terribles masacres como las de Hipercor y Vic y numerosos atentados contra policías, militares, guardias civiles, políticos, ciudadanos de a pie, niños…, No hace falta detallar tanto horror porque creo que en la conciencia de todos está muy presente el inmenso dolor que Eta ha causado en Cataluña,..y en el resto de España.

Desde mi experiencia personal sé que para poder superar las tragedias individuales y colectivas que produce el terrorismo es imprescindible la justicia -sin concesiones ni arbitrariedades- una justicia que sea proporcional con el daño  causado, que esté a salvo de injerencias políticas, que proteja a los ciudadanos, que no nos deje inermes ante el mal. Por eso las víctimas contemplamos con estupor e incredulidad las salidas en masa de la cárcel de los más execrables criminales -condenados a miles de años- y nos sentimos impotentes ante la maquinaria política y judicial que ha escenificado una gran coartada tratando de endosar la responsabilidad a otros para ocultar el precio que están pagando a cambio de una supuesta y claudicante paz  .

Nos sorprende esa imperativa necesidad de acatar una sentencia tan controvertida y cuestionable -que produce mucho más daño del que pretende subsanar-  frente a la indolencia por hacer cumplir otras sentencias firmes de nuestros más altos  tribunales que hace años que no se ejecutan sin que pase nada, como muy bien saben ustedes. Yo recomendaría a los damnificados por los incumplimientos de las sentencias del Tribunal Supremo y del Constitucional que acudan al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, seguro que así consiguen que sus derechos conculcados sean, por fin, respetados.

Es muy inquietante comprobar que se está aplicando una política de apacigüamiento que está produciendo el perverso efecto de fortalecer cada vez más a los que justifican y jalean el terrorismo y la ideología fanática en la que se sustenta. Ese es el motivo de que estemos viendo nuevamente terrorismo callejero, manifestaciones a favor de los criminales y recibimientos exaltadores y orgullosos de las hazañas de los asesinos, que se celebran con una impunidad pasmosa e indecente. Una impunidad que impide que se pueda erradicar la corrupción moral de la sociedad vasca. Una sociedad que ha sido sistemáticamente intoxicada con falsos agravios, rencores, falsedades históricas y en la que desde las instituciones se promueve  la exclusión,  el desprecio al diferente,  la división,  el rechazo,  la desunión. Una sociedad en la que se han alimentado los sentimientos de odio hasta llegar al exterminio de seres humanos y la  justificación del terrorismo por parte de muchos miles de personas. Ese es el gran peligro de fomentar el odio. El odio solo produce dolor y destrucción. Nada se puede construir con odio.

Para terminar con el terrorismo no se deben hacer concesiones que debiliten a la democracia. Cada paso que retrocedemos lo avanzan ellos, cada espacio que dejamos libre, ellos lo ocupan y no se trata únicamente de espacios políticos, se trata de espacios morales, se trata de que es imprescindible regenerar ética y moralmente al País Vasco. Se trata de que no se pueden pasar por alto declaraciones de dirigentes políticos que afirman “que la decisión de Eta de seguir matando fue acertada” porque si consentimos la legitimación política y social del terrorismo, si consentimos que públicamente se defienda su atroz legado, estaremos contribuyendo a que perviva la ideología que lo sustenta y estaremos impidiendo que la sociedad vasca recupere la normalidad, esa normalidad que hace que nadie reciba con vítores y cohetes al  “violador del ascensor”, que no es peor que los ochenta etarras ovacionados como héroes en sus pueblos por arrancar las vidas de sus semejantes.

Ante este grave desafío, necesitamos unos políticos que estén a la altura, que sean valientes, que no toleren que partidos que justifican el terrorismo  gobiernen instituciones y manejen presupuestos públicos, que actúen con determinación, que desenmascaren a los que colaboran con los terroristas -que son más de los que parece y están en más sitios de los que se cree- , que hagan cumplir la Ley, sin miedo. Necesitamos políticos  que trabajen por la unidad de los españoles, por la igualdad de todos, por la justicia, que sean capaces de impedir que triunfen los que nos quieren separar, que se comprometan a dirigirse por el camino correcto -aunque sea el más difícil- que no escuchen los cantos de sirena de los que trabajan para que España, el barco en el que todos cabemos, encalle y se hunda. Inflemos las velas y busquemos un horizonte de auténtica convivencia en paz,  sin injusticia, sin mentiras, con dignidad y con respeto y agradecimiento hacia los que murieron para defender la libertad de todos. Muchas gracias.

 

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El cariño de Rajoy

Publicado en El Mundo el 14 de noviembre de 2013

El presidente del Gobierno ha realizado unas declaraciones en las que transmite a las víctimas del terrorismo su afecto, cariño y solidaridad. Un afecto, cariño y solidaridad que sitúan a las víctimas como objeto de compasión, como seres merecedores de lástima y conmiseración pero desprovistos de la simbología esencial que representan: la sociedad española atacada brutalmente durante décadas para imponer un proyecto político que pretende separar el País Vasco del resto de España aniquilando o sometiendo al discrepante.

Todas y cada una de las víctimas de Eta han sido asesinadas para lograr ese propósito. Por eso el afecto, el cariño y la solidaridad suenan a desistimiento, a a arrinconamiento, a renuncia, a abandono de las reivindicaciones y de la concepción de las víctimas como referente ético y de resistencia colectiva de los españoles ante la intimidación del terrorismo. Los muertos ya no son patrimonio de todos, solo lo son de sus familias, a las que el presidente les pasa la mano por el lomo y les da el abrazo del oso tratando de asfixiar esa molesta exigencia de justicia, derrota moral y política del terrorismo que no está dispuesto a garantizar. Ese cariño es una claudicación, una declaración de intenciones, o de no intenciones, es la constatación del pago del precio por una paz incierta e indigna.

Sólo el cariño no es suficiente, es incluso ofensivo. Tras su inacción en Estrasburgo para evitar la derogación de la doctrina Parot, el presidente puede y debe  ofrecer a las víctimas y a toda la sociedad otras iniciativas ineludibles y  mucho más reconfortantes, además de eficaces y necesarias. Por ejemplo,  puede promover la aplicación efectiva de la Ley de Partidos que contempla la ilegalización de las formaciones que no condenan el terrorismo,  puede instar la investigación diligente de los casi 400 casos de asesinatos cometidos por Eta que aún están sin resolver,  puede trabajar para contrarrestar el vergonzoso plan de paz y convivencia del Gobierno Vasco que equipara a víctimas y asesinos, puede aprobar esa Iniciativa Legislativa que elaboró su Grupo Parlamentario para permitir el voto de los exiliados del País Vasco por la presión terrorista y que por razones misteriosas guarda celosamente en un cajón o  puede revocar la autorización aún vigente del Congreso a la negociación con Eta.

También puede desactivar el plan Nanclares ideado para sacar de la cárcel antes de tiempo a terroristas que no colaboran con las autoridades, como exige la Ley y puede, simplemente, tener la voluntad de cumplir sus promesas y su programa electoral, o proponerse ser sincero y explicar lo que está haciendo, por qué y a dónde quiere llegar. Puede decirnos cual cree que debe ser el fin -que no la derrota- de Eta,  porque nos encaminamos a toda velocidad a un escenario de exculpación, olvido, legitimación y toma del poder. Quizás eso explica  la mala conciencia y el intento de eludir responsabilidades  con esas muestras de cariño tan culpables como estériles.

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