No todo ha terminado

Publicado en El Correo el 2 de julio de 2021

Vitoria es una ciudad silenciosa, su seriedad contrasta con el bullicio de Madrid, su cielo, tantas veces gris, con el brillante azul de la capital de España. Vitoria, ciudad contenida, sosegada, cómoda, es desde el primero de junio la sede del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Llego una mañana fría a pesar de que ha comenzado el verano. El cielo, triste, amenaza lluvia. Los recuerdos se agolpan, afloran intensos, como si fuesen presente, como si fueran algo físico y eterno. Están vivos y duelen. Vitoria, la ciudad apacible que guarda secretos de un pasado que aún existe.

El Centro Memorial ocupa un edificio noble de fachada clásica e interior austero. Fue la sucursal del Banco de España. Ahora atesora una historia tan reciente que todavía no lo es. Sencillo y mesurado, como la ciudad que lo acoge, ofrece una memoria institucional, académica, didáctica, sobria. Una memoria para los que solo sabrán lo que se les cuente. Expone una visión un tanto aséptica, que no incómoda en exceso, que no revuelve las entrañas. Nos muestra distintos terrorismos aunque en algún lugar se puede leer que en el País Vasco el 92 por ciento de las muertes las produjo Eta. En esta historia se difuminan algunas responsabilidades que han hecho posible la pervivencia del terrorismo separatista de Eta. Se cargan las culpas en el “nacionalismo radical” y se obvian las complicidades del “árbol y las nueces”.

Los testimonios se centran en el desgarro humano, en la pérdida, en el dolor de las familias. Y a la vez se reivindica el significado político de las víctimas ya que, “con ellas se quiso eliminar el pluralismo y por tanto se atacó a toda la sociedad”. En este punto cabe preguntarse, con cierto miedo a desafiar a la corrección política, si los Gal pueden englobarse en esa definición ya que su objetivo no era eliminar el pluralismo sino combatir al terrorismo utilizando ilegalmente los medios del Estado, lo que provocó un daño inmenso a la legitimidad democrática de la lucha contra Eta.

En cuanto a la justicia, se menciona su valor redentor y se recuerda la afortunada aseveración de Antonio Beristáin de “in dubio, províctima”, que ojalá fuese cierta. La realidad es que no solo se produce la doble victimización por no dar aviso de los juicios o por los casos sin resolver, también ocurre cuando se elaboran estrategias de política penitenciaria para conceder a los terroristas privilegios en el cumplimiento de las condenas.

En el recorrido histórico que hace el memorial llama la atención que se tilden los trágicos sucesos del 3 de marzo de 1976 como “obstáculos a la democracia”, lo que podría hacer pensar en una velada forma de denunciar terrorismo de Estado. Y se mencionan los secuestros sin explicar que solo sobrevivían a los mismos quienes pagaban rescate o eran liberados por la policía.

El proceso de Burgos se considera un momento histórico determinante pero no así la amnistía de 1977 que ni siquiera se menciona a pesar de la inmensa trascendencia que tuvo al propiciar que 71 asesinatos cometidos por Eta quedasen impunes y que los peores criminales que sembraron España de muerte y dolor en los años 80 y 90 fueran etarras amnistiados. De esto no queda constancia en la memoria oficial.

En el ámbito político se reconoce que nuestros representantes han seguido un camino lleno de “altibajos”, sin mencionar las negociaciones de los sucesivos gobiernos con Eta, y se denomina al pacto de Ajuria Enea -que tan pocos frutos produjo- “gran pacto vasco contra el terrorismo” en contraposición con el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, que sí supuso un impulso fundamental en la lucha contra Eta y que el PNV no apoyó.   

A pesar de estas carencias, el espíritu, el lenguaje, el fin del memorial no deja dudas, reconoce a las fuerzas de seguridad del Estado su trabajo incansable, su valor y sacrificio, no emplea términos intoxicadores como conflicto, torturas, presos, violencia, vulneración, violación de derechos, que tan hábilmente utilizan los nacionalistas. En el memorial no existe ni un atisbo de justificación. Está todo claro. Lo que sí hay en ocasiones es una sustitución de la realidad por el deseo. No todo se ha hecho bien, ni ha terminado todavía, ni ha terminado bien.

Agradezco infinitamente el reconocimiento a Ana María Vidal-Abarca, primera en defender los derechos de las víctimas, que nació y creció muy cerca de dónde hoy se la recuerda, que vivió en esta ciudad querida junto con su marido asesinado, Jesús Velasco Zuazola, militar y jefe de los miñones de Álava. Ambos profundamente vitorianos y españoles, ambos expulsados de esta tierra que aún cobija en sus entrañas el sufrimiento de los perseguidos. Y pido a los responsables del centro que muestren sin pudor la verdad, la verdad del instante de la muerte en una cartera.

Regreso a Madrid, ciudad de acogida. En Vitoria queda el tiempo robado, lo que no pudo ser, lo que el terrorismo truncó, la historia que todavía no es.

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A nadie le importa

Publicado en El Mundo el 27 de abril de 2021

En los últimos doce años, desde 2009, 569 terroristas de Eta han sido excarcelados. Hoy permanecen 193 en prisión. Pronto no quedará ninguno. Habrá quien piense que es lógico, que a medida que pasa el tiempo las condenas se van cumpliendo y por tanto las salidas están plenamente justificadas. Y en algunos casos es posible que sea así, pero algo muy profundo está fallando en la justicia española cuando faculta que condenas de miles de años queden reducidas a veinte. Y lo que está fallando, lo que ha fallado flagrantemente ha sido, es, la escandalosa injerencia política en el ámbito jurídico y penitenciario.

Desde el inicio de la democracia, las concesiones a los terroristas, condenados o no, han sido constantes. La ley de Amnistía de 1977 fue la primera. Puso en libertad a todos los etarras encarcelados, incluidos los que tenían delitos de sangre. Aquella decisión supuso que 71 asesinatos quedasen impunes. Una semana antes de que se aprobase fueron asesinados el presidente de la diputación de Vizcaya, Augusto Unceta y los Guardias Civiles que lo escoltaban Ángel Rivera y Antonio Hernández. Nunca se les hizo justicia. Quince días después lo fue el policía municipal de Irún, José Diaz. Y comenzó una escalada atroz de muertes provocadas en su mayor parte por los terroristas amnistiados.

Después, en 1982, cuando se disolvió una de las facciones de Eta, otra remesa de 300 asesinos fue beneficiada con absoluciones, sobreseimientos e indultos que se ocultaron intencionadamente a la opinión pública. Y en los años posteriores se utilizó de forma regular la política penitenciaria con acercamientos, dispersiones o progresiones de grados, en función de cómo marchaban la política antiterrorista o en su caso las negociaciones con la banda.

Una de las decisiones más graves e injustas cuyas consecuencias seguimos padeciendo hoy, fue la derogación de la doctrina Parot en 2013. La resolución que tomó el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, alentado por el propio representante de España, permitió que 63 terroristas, todos ellos con múltiples asesinatos a sus espaldas, fueran puestos en libertad de forma inmediata al modificarse el criterio de contabilización de las redenciones de pena, que pasó de hacerse sobre el total de los años de condena -miles- al del máximo de treinta años permitido por el Código Penal de 1973. En la forma de aplicar aquella sentencia del TEDH fue determinante el papel del actual ministro del Interior Grande Marlasca, quién con su voto de calidad como presidente de la Audiencia Nacional, por motivos políticos, la generalizó.

Ahora, después de fórmulas como la Vía Nanclares, creada para facilitar las progresiones de grado y las excarcelaciones, llega la transferencia de la competencia de prisiones al País Vasco y los traslados de cinco en cinco, cada viernes, de los ya escasos etarras encarcelados. Y las salidas continuas, con sus respectivos homenajes impunes, por motivos variopintos como el arrepentimiento o la enfermedad. Todos falsos. Detrás solo hay indecentes pactos quid pro quo.

¡Qué alto está siendo el precio de la negociación con Eta, el precio del «cese» de la violencia, el precio de la «disolución»! ¡Qué derrota tan equívoca! Han entregado a los vencidos todo lo que han pedido, maquillándolo, disimulando, pero se lo han dado todo. Les han otorgado la «paz por presos» exigida, han legalizado su brazo político, les han concedido la legitimación de su pasado y de su futuro y ahora que están en las instituciones, el Gobierno necesita y acepta su apoyo interesado para mantenerse en el poder. Ahora, Eta aprueba presupuestos, impide reprobaciones y marca estrategias. 

Pero lo peor de todo, la mayor de las felonías es el lacerante olvido de las víctimas, el pacto de silencio y de omisión, la voluntad de hacer desaparecer el recuerdo de su existencia y su significado. El domingo 25 de abril, salió de la cárcel un individuo que ha cumplido 24 años de condena por 18 asesinatos, un individuo que se benefició de la amnistía de 1977 y que aprovechó esa gracia tan irresponsablemente otorgada por el Congreso para cometer todos sus crímenes. Un sujeto que después participó en las negociaciones de Argel y al que el propio Gobierno de España trasladó en un avión militar a Santo Domingo donde residió tranquilamente hasta que se solicitó su extradición en 1996. Y ese individuo, que ha cumplido un año y tres meses de condena por cada uno de sus crímenes, se ve nuevamente favorecido porque no se le puede aplicar la doctrina Parot que le hubiese mantenido en prisión unos años más. Ese monstruo ha salido en libertad y nadie se ha enterado, a nadie le ha importado, ni le ha escandalizado.

Un asesino, muchos asesinos, andan sueltos ante la indiferencia general, una indiferencia buscada y provocada que nos arrebata la dignidad colectiva, el respeto a nuestros muertos, a nuestros mártires. Una indiferencia que nos envilece y nos deshonra. «Dios mío, qué solos se quedan los muertos» lloraba el poeta. Cuánta razón tenía. Los han abandonado. Los han devuelto al luto escondido, como si ya no pertenecieran a la Nación por la que fueron sacrificados.

El domingo 25 de abril el asesino de mi padre salió de prisión y nadie se enteró ni a nadie le importó.

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Abajo las armas

Publicado en ABC el 7 de marzo de 2021

Una apisonadora ha aplastado las armas incautadas a Eta a lo largo de los años. Eran  armas que custodiaba la Audiencia Nacional y que alguien ha decidido que ya no son necesarias para investigar los 378 asesinatos sin resolver de la banda. El Gobierno las ha considerado mucho más útiles para la grotesca escenificación de una falsa victoria sobre el terrorismo, de un final definitivo, de un “adiós a las armas” basado en la mentira y en la manipulación. 

La perversa intención de la representación en la que el presidente del Gobierno afirmó sin atisbo de vergüenza que las armas destruidas han sido “entregadas” por los vencidos, es una ofensa a la inteligencia. “Quién entrega las armas acepta la derrota”, dijo. Pero él sabe perfectamente que nadie ha entregado las armas, han sido las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado las que se las han arrebatado a los terroristas con su trabajo diario, con su determinación y compromiso, jugándose la vida y perdiéndola en muchas ocasiones.

Con la interpretación que se ha pretendido dar desde el Gobierno a semejante acto propagandístico se consiguen varios efectos tremendamente dañinos. Por una parte se  desprecia la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado puesto que se les arrebata el mérito de la desarticulación de los grupos terroristas y de la incautación de sus armas; y por otra, implícitamente, se ensalza a los que deciden “entregar” esas armas como un acto de “rendición” para contribuir a la “paz”. El problema es que nada de eso es cierto. Los terroristas de Eta no se han rendido, lo que han hecho ha sido negociar unas contrapartidas indignas a cambio de dejar de matar. Y esas contrapartidas, esas cesiones vergonzantes del Estado de Derecho, son hoy evidentes: la legalización del brazo político de la banda, su legitimación y la salida de los criminales de las cárceles que se culminará con la cesión de la competencia de prisiones al País Vasco. Y quién sabe si esta destrucción de armas no está sirviendo también para destruir pruebas y lograr así  que no se resuelvan los 378 atentados de Eta que no han sido juzgados aún y probablemente nunca lo serán. 

Otra de la perversidades cometidas en la puesta en escena de la apisonadora fue la equiparación de todos los terrorismos. Aunque las armas eran en su inmensa mayoría de Eta, y en menor medida del Grapo. El presidente mencionó a ETA, GAL, Grapo, Daesh y organizaciones de ultraderecha. Es evidente que el asesinato político, el terrorismo, siempre es injustificable, siempre. Pero no se puede seguir el juego a los que pretenden hacer creer que todos los terrorismos han sido lo mismo porque no es verdad. No es lo mismo una banda organizada que durante cincuenta años ha cometido 3.000 atentados, asesinado a 864 personas, provocado 7000 víctimas, amenazado a la sociedad entera y desestabilizado gravemente la democracia, que los grupúsculos que atentaban contra Eta, que no tenían una ideología concreta y que tuvieron una incidencia mucho menor que la de la banda y sus apoyos en el ámbito del separatismo vasco. Nada más lejos de mi intención que justificar o excusar los actos de terrorismo de Estado. Todo lo contrario. Pero no se puede caer en la trampa -ni mucho menos tenderla-, de minimizar lo que ha supuesto Eta para la sociedad española, ni se pueden ocultar las muchas complicidades que ha tenido y sigue teniendo, ni su capacidad de seguir tratando de destruir la Nación desde las instituciones. 

El presidente -con toda la intención- se ha prestado a protagonizar un acto “simbólico” para trasladar a la sociedad el mensaje de que los terroristas se han rendido y han entregado las armas en un acto de generosidad y acatamiento del Estado de Derecho. “La derrota de las balas frente a los votos”,ha dicho. 

Suena muy bonito. El único inconveniente es que es mentira. 

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De cinco en cinco

Publicado en El Mundo el 9 de febrero de 2021

“¿Qué se puede decir de una chica de 25 años que ha muerto? ¿Que era bonita, inteligente? ¿Que le gustaban Mozart y Bach, los Beatles y yo?”. Ese es el inicio universalmente conocido de una triste historia de amor. La muerte a destiempo siempre es trágica, siempre deja tras de sí un rastro de dolor mucho más intenso, una sensación de injusticia, de rebeldía, de incomprensión. Porque creemos que la muerte debe llegar al final del camino, apacible, esperada, aceptada. 

Pero en ocasiones viene antes, de improviso, y no viene sola, la traen la maldad, la mano y la mente de seres perversos que arrancan vidas de veinticinco años o de cuarenta que aman, sueñan, les gusta la música y cuidan de sus familias. Son vidas truncadas, vidas rotas, vidas sin vivir de las que no se han escrito historias bonitas, vidas olvidadas, vidas que incomodan. Pero desde sus fotografías de carnet en blanco y negro, sus caras, sus sonrisas, su juventud, sus ojos  siguen mirándonos inocentes ¿Cómo no sentir dolor o compasión? ¿Cómo no pensar en la injusticia de sus muertes? 

Son muchas las vidas que el terrorismo ha destruido en España, muchas las familias mutiladas, muchos los asesinos sin alma. Y poco el tiempo que ha pasado. Las viudas están ahí, los huérfanos también, los hermanos, los amigos. Y también la sociedad, tantos años golpeada, sigue ahí, vulnerable, expuesta a lo que quieran hacer de ella. ¿Y qué quieren hacernos?¿Qué nos están haciendo?¿En qué quieren convertirnos? España ha tenido cientos de mártires cuyas vidas han servido de parapeto de la libertad y de la democracia. Esos mártires no pueden caer en el olvido ni ser arrinconados para que los criminales que los mataron vivan cómodamente y en libertad anticipada. 

En el año 2008, setecientos sesenta y dos terroristas estaban en prisión. Hoy quedan ciento noventa y cinco. Cada viernes, de cinco en cinco, los trasladan de cárcel como paso previo a su excarcelación, para la que se elaboran todo tipo de beneficios penitenciarios a la medida. Ya no disimulan. Quizá creen que han logrado convertirnos en esa sociedad silente y anestesiada que desean. Puede ser, lo intentan con ahínco. De cinco en cinco van perpetrando su plan, su proyecto trazado en connivencia con los propios criminales. De cinco en cinco hasta la consumación final. Y aún se atreven a reprochar con soberbia a las familias, a las asociaciones que todavía se atreven a alzar la voz y a protestar, que no  acepten con  sumisión la obligación de callar. 

En 2013 una caravana de autobuses visitó los lugares del País Vasco en los que se habían cometido asesinatos para honrar a los que allí cayeron. Fueron recibidos al grito de “los vuestros en el hoyo y los nuestros en casa”. ¡Qué clarividencia! Ya sabían lo que iba a pasar, el camino estaba trazado. 

Desde hace tres años, al menos ciento un terroristas han vuelto a sus casas en loor de multitudes, vitoreados y homenajeados. Impunemente. Mientras, las familias de las víctimas sufrimos impotentes y desesperadas la iniquidad de que se esté arrumbando el significado profundo de su sacrificio, de que nos desprecien y nos humillen, de que nos nieguen la justicia penal y moral. ¿Qué se puede decir de cientos de personas que han sido asesinadas? ¿Que murieron por España y por su libertad? ¿Que honraremos su memoria? ¿Que les haremos  justicia? o que aceptamos impotentes y resignados que de cinco en cinco el abandono y la traición caigan sobre ellos.

 ¿Qué se puede decir?

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Hasta aquí hemos llegado

Publicado en El Mundo el 13 de noviembre de 2020.

Hasta aquí hemos llegado. Qué gratificante hubiera sido escuchar esas palabras desde la Tribuna de los Oradores del Congreso dirigidas hacia quienes debían dirigirse, hacia esos representantes de la indignidad que se sientan en la sede de la soberanía popular a pesar de las ideas que defienden y los comportamientos criminales que avalan. Pero no. No hemos escuchado esa declaración de intenciones tan necesaria, tan imperativa, tan redentora, sino que lo que nuestra atormentada sociedad ha recibido, entre desolada y rendida, ha sido el mensaje definitivo de que esos miserables que jalean la muerte deben ser, son ya, los compañeros de este Gobierno indecente que pisotea el tributo de sangre de los españoles caídos en defensa de la libertad y de la Nación. 

Se ha culminado un proceso sucio y oscuro, lleno de mentiras y traiciones, tan indigno que ni siquiera sus promotores se atreven a desvelar las miserias que esconde. No hace falta. Han ido aflorando una a una del barro en el que se ocultaban. Quizá ahora haya quien se arrepienta, quien lamente no haber destruido a la serpiente pudiendo haberlo hecho; y también habrá quien se aflija de haber seguido estrategias tortuosas, interesadas y cortoplacistas sin calibrar los peligros que encierran los movimientos que alimentan a los monstruos que nos pueden devorar.

Y ese monstruo que ha estado cincuenta años tratando de destruirnos quiere seguir, va a seguir.  “Vamos a Madrid a tumbar al régimen”, dicen. Y el Gobierno que tanto ha mentido, no solo calla sino que consiente que uno de sus miembros más destacados afirme que la organización transmutada “participará en la dirección del Estado”. Y, pasando por encima del horror de muchos españoles, habrá quien se alegrará de que eso ocurra y creerá que hay que asumir con naturalidad que esa banda criminal legitimada intervenga en la gobernación de España, a pesar de que lo que quieren es destruirnos,  de que apoyan a quienes han matado, reivindican su pasado sangriento y anuncian sin pudor sus intenciones, las mismas de siempre. 

Aunque, pensándolo bien, no deberíamos sorprendernos porque el terrorismo separatista vasco ha influido en la política desde la transición.  Cada crimen respondía a un objetivo y muchos se consiguieron por la debilidad o por las decisiones bienintencionadas pero equivocadas de los gobernantes. Lo han reconocido públicamente algunos de los ministros de la lejana UCD, como Otero Novas, que habló del error del apacigüamiento frente a Eta que en tantas ocasiones se ha intentado. Y así, muerto a muerto, esos asesinos y sus tantos aliados han cincelado, eliminando obstáculos, el País Vasco que querían construir. Ahora, tras las negociaciones que les han permitido acceder a las instituciones y no solo condicionar Gobiernos sino ser sus aliados, persistirán en el empeño de alcanzar lo poco que les queda ya por conseguir y contarán para ello con la colaboración entusiasta de quienes dirigen por rumbos siniestros el destino de nuestro dolorido país. Hemos llegado hasta aquí, pero nadie ha dicho a quién debía “hasta aquí hemos llegado”. Y por eso, los representantes de Eta en el Congreso -que nunca debieron estar ahí-, en esa misma tribuna en la que el Gobierno otorga, golpean profundamente nuestra dignidad colectiva y nuestros sentimientos y anuncian altaneros que “Hoy no acaba nada. Hoy empieza todo”. Lo terrible es que tienen razón.

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Señor presidente, es usted un canalla

Publicado en ABC el 10 de septiembre de 2020

Quizá puede parecer un exceso calificar al presidente del Gobierno de España como un canalla pero no es más que una definición que se ajusta perfectamente a su comportamiento: persona que merece desprecio, ruin y miserable. Por desgracia, las palabras de Pedro Sánchez en el Senado lamentando la muerte de un terrorista al que mencionó con nombre y apellidos, obviando los motivos por los que estaba en prisión y sin dedicar tan siquiera una escueta mención hacia las víctimas que contribuyó a causar, se puede y se debe calificar como una actitud absolutamente ruin y miserable que merece todo el desprecio de la sociedad. Porque, además, desde su alta responsabilidad, el presidente del Gobierno tiene una inmensa capacidad de influencia que repercute directamente en la opinión pública y que debería emplear en todo lo contrario de lo que hizo: en ensalzar el recuerdo de los que perdieron su vida defendiendo a España, la democracia y la libertad y en recordar que se les debe hacer justicia.

El día que Pedro Sánchez se mostró apesadumbrado por el etarra muerto, se conmemoraba el asesinato de Cristobal Martín Luengo, subteniente de la Guardia Civil, uno de los cientos de muertos provocados por esa banda criminal. Pero ni para él, ni para ninguna víctima del terrorismo, el presidente tuvo ni la más mínima alusión. Y no la tuvo intencionadamente, porque ha asumido las tesis de ese partido en el que se apoya para gobernar y ha decidido -para no molestarlo-, ocultar la terrible trayectoria de Eta. Resulta estremecedor comprobar como el Gobierno arrumba la memoria del sacrificio de tantas vidas truncadas por el fanatismo separatista; como obvia descaradamente el profundo daño que ha causado en la sociedad y acepta las insidias sobre nuestro sistema penitenciario, sabiendo, como sabe, que si existe algún privilegio en las cárceles es, precisamente, para los terroristas de Eta.

De la trayectoria de ese sujeto que se ha quitado la vida -¿quizá por el peso del arrepentimiento?-, poco sabemos, -no interesa entrar en detalles- solo que fue sentenciado por colaboración con banda armada, tenencia de armas y falsificación de documentos oficiales. Pero si se investiga un poco se encuentra que durante el juicio que se celebró en la Audiencia Nacional en abril de 2007 declaró que «seguiría ejerciendo la lucha armada» y que no reconocía a un tribunal «español y fascista». Ese es el individuo por el que se preocupa el Presidente de todos los españoles.

¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación tan envilecida? ¿Cómo es posible que tengamos que escuchar a los representantes de Eta defendiendo a los asesinos en el Congreso? No ha sido sólo Pedro Sánchez el que nos ha traído hasta aquí. Él se encontró con el camino expedito. Se lo desbrozaron antes los que decidieron legitimar a Eta y permitirle estar en las instituciones. Disfrazaron las cesiones como una derrota para ellos y como un triunfo para la democracia. Un triunfo que consiste, entre otras muchísimas infamias, en escuchar en la sede de la soberanía popular que los «presos» son «víctimas de la venganza del Estado», en que políticos inmorales necesiten a esos representantes de la indecencia y les entreguen sin pudor la dignidad de los españoles para seguir en el poder. Los enemigos de España sosteniendo al Gobierno de España, ¿A qué nos puede conducir semejante dislate? Por eso y por mucho más, señor Sánchez, es usted un canalla.

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Terrorismo y política

Publicado en ABC el 22 de junio de 2020

El terrorismo es una forma de hacer política. Perversa y criminal pero, por desgracia, en demasiadas ocasiones, eficaz. Esa es la razón de que en España el terrorismo de Eta haya pervivido tantos años. Ha sido un instrumento con el cual los separatistas han recogido muchos frutos que, sin los atentados perfectamente planificados y ejecutados, nunca hubieran obtenido. Muy posiblemente, las competencias que gestiona el País Vasco no serían la mismas e incluso la configuración política del Estado de las Autonomías sería diferente si no hubiese existido el terrorismo. Eta ha ido cincelando a golpe de sangre y muerte su arcadia soñada de seres superiores, alimentados por el racismo, el odio a los maquetos, a los vascos traidores que se sienten españoles y por supuesto a la Nación de la que reniegan con desprecio y rabia. Eta y sus cómplices -todos los separatistas- han condicionado la política española desde que cometieron su primer crimen hasta hoy. Han construido en el País Vasco una sociedad amedrentada que se ha confundido con el paisaje para sobrevivir y que se ha rendido a la supremacía del separatismo dominante en una comunidad en la que para vivir tranquilo había -hay- que ser nacionalista.

Por eso, la inmensa mayoría de los muertos que el terrorismo de Eta tiene en su haber no son nacionalistas. Los que eran vascos de origen, eran «españolistas» y por tanto, traidores, los policías, guardias civiles o militares eran el enemigo, a los que no pagaban el impuesto revolucionario había que escarmentarlos para que no cundiese el ejemplo, «los chivatos» no merecían vivir. Ninguno tenía para ellos la categoría de ser humano, eran meros objetivos que había que abatir para conseguir el fin que todo lo justificaba. Y así, sin piedad, los fanáticos envenenados de odio han ido destruyendo vidas y familias y han desafiado al Estado para destruirlo. No lo han conseguido. España sigue existiendo, a pesar de ellos y a pesar de los jirones que le han arrancado, a pesar de que la presencia del Estado es casi testimonial en los territorios que controlan con sus hermanos del PNV. Pero España tampoco los ha destruido a ellos. Esa es nuestra vergüenza. Pudimos hacerlo, debimos hacerlo, pero no lo hicimos. Les dimos una espita por la que escapar. Nos olvidamos de nuestros muertos, de nuestros héroes, de los que se sacrificaron por nuestra libertad y por la integridad de nuestra Nación, nos olvidamos de nuestra dignidad y en despachos escondidos se acordó que merecían seguir existiendo, ahora bajo la capa de la honorabilidad.

Y esa es la causa, solo esa claudicación, de que hoy tengan la capacidad de poner y quitar gobiernos como hicieron hace un año en Navarra y han hecho con el propio Gobierno de España. Se les ha permitido formar parte del juego político como premio por dejar de matar. Sí, es miserable y repugnante dejarse apoyar por ellos, pero también lo es que tengan la posibilidad de hacerlo. Nunca se les debió de consentir que estuviesen en las instituciones. Ha sido una infamia. Esa decisión traidora sirvió para que quienes se vanaglorian de los crímenes de unos asesinos -a los que homenajean impunemente-, sigan condicionando la política española con el único fin de hacernos daño, riéndose de nosotros e hiriendo profundamente los sentimientos de aquellos que no olvidan a los que cayeron, ni por qué cayeron. Escuchar a un ministro del Interior decir que no se puede hablar de Eta «como si siguiera viva», es un escarnio que demuestra la enorme falta de sensibilidad hacia los muertos y sus familias, que padecerán siempre los efectos de los crímenes terroristas. Y también hacia el sufrimiento de la sociedad en su conjunto, como si todo el dolor y el daño se pudieran borrar de la «memoria histórica» selectiva que nos quieren imponer.

Y mientras, quienes con razón califican a ese partido infame como testaferro o heredero de Eta, aceptan su existencia y no se plantean instar su ilegalización porque ya forma parte del sistema, está asimilado.

No nos lo merecemos.

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Los escaños de la deshonra

Publicado en El Mundo el 2 de agosto de 2019

Son contundentes las críticas al PSOE por su actitud con el partido “heredero de ETA”. Se tacha de intolerable que pacte con los representantes de los terroristas y que acepte sus votos o su abstención para gobernar, como desde hoy ocurre en Navarra. Sin embargo, pese a que se da por hecho que Bildu es el brazo político de ETA, nadie reclama que sea ilegalizado.

Es una incoherencia clamorosa que se acepte que un partido al que se acusa de filoterrorista forme parte del establishment político. Desde que en mayo de 2011 fue legalizado -y por tanto legitimado- in extremis por el TC, tras un tortuoso paripé político y judicial para ocultar que era un requisito esencial de la negociación con ETA, Bildu está en las instituciones con normalidad. Poco han importado los episodios vergonzosos que ha protagonizado en el Congreso, en el Parlamento Vasco, en los Ayuntamientos o en cualquier otro estamento en el que está presente:desde el boicoteo a las declaraciones institucionales en contra del terrorismo hasta los homenajes a los asesinos que salen de la cárcel y en los que participan con entusiasmo cuando no son sus propios ediles los que los organizan.

Como muestra, recordar que en la X legislatura, España padeció la ignominia de tener como diputada a una individua que había pedido un aplauso para los asesinos de la T4 y a otro que rompió la Constitución en la tribuna de oradores del Congreso. Y, aunque la Ley de Partidos Políticos, en vigor desde 2002, dice en su artículo 9 que “un partido será declarado ilegal cuando su actividad fomente, propicie o legitime la violencia como método para la consecución de objetivos políticos; dé apoyo político expreso o tácito al terrorismo exculpando y minimizando su significado y la violación de derechos fundamentales que comporta; incluya en sus órganos directivos o en sus listas electorales a personas condenadas por delitos de terrorismo o promueva, dé cobertura o participe en actividades que tengan por objeto recompensar, homenajear o distinguir las acciones terroristas o violentas o a quienes las cometen o colaboran con las mismas”, Bildu no cumple ninguna de estas premisas, pero no pasa nada.

Vemos estos días un gran escándalo -más que justificado, por supuesto- porque el fin de semana uno de los secuestradores de José Antonio Ortega Lara fue recibido en loor de multitudes en Oñate. Pero hace años que se aceptan con indiferencia los homenajes a terroristas que incumplen flagrantemente el artículo 578 del Código Penal. Casi 200 homenajes se han celebrado en dos años. Por eso, cabe la sombra de la duda, la sospecha de la utilización interesada de un asunto tan grave, no para denunciarlo por sí mismo, no para proponer una solución real que vaya a la raíz del problema, que no es otra que el consentimiento inmoral y alegal de que unos asesinos tengan representación política, sino el desgaste del contrincante político, la lucha por el poder. Sin duda, los que ahora alzan la voz escandalizados creen en lo que dicen, pero deberían decirlo siempre, no sólo cuando les conviene. Y deberían también reclamar, insistentemente, que se ilegalice a ese partido. Y, si no se atreven, como parece, al menos deberían demandar a todas y cada una de las personas que infringen la ley para que sean inhabilitadas si así lo estiman los tribunales.

Pero no lo han hecho ni lo harán. Y por eso es posible que el partido de ETA decida quién gobierna en Navarra. Porque se ha aceptado que en los últimos ocho años el portavoz de Bildu en el Parlamento foral haya sido un condenado por terrorismo que pasó año y medio en la cárcel y que fue dirigente de HB, formación que, en 2009, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avaló por unanimidad su ilegalización al concluir que era un instrumento de la estrategia terrorista de ETA.

Ahora todo eso ya no cuenta. Hace ocho años del viraje político que supuso legalizar el partido de ETA; aquellos polvos traen estos lodos. No podemos estar a expensas de cordones sanitarios voluntarios al albur de la conveniencia del momento porque entonces pasa lo que está pasando en Navarra, que la avaricia por el poder se superpone a la decencia democrática, al respeto a los valores más básicos de convivencia. La verdadera raíz del problema ahora se está plasmando en toda su crudeza en la Comunidad Foral, que va a tener un Gobierno tutelado por los amigos de los terroristas. Se sentaron las bases para que pudiera pasar y ha pasado.

Y muy posiblemente ocurrirá lo mismo en el conjunto de la nación. Los votos de ese partido serán determinantes para la elección del nuevo presidente del Gobierno de España. Y ese pecado original es también la causa de que acabemos viendo al etarra al que entrevista TVE como presidente de la Comunidad Autónoma Vasca. Y, si no, estará en el Parlamento Vasco, o donde quiera estar, impartiendo cátedra y doctrina, impunemente. Y eso ocurrirá porque la democracia española ha decidido permitirlo sin calibrar las consecuencias; o, a lo peor, considerándolas aceptables. Porque nuestros políticos protestan cuando ven en peligro sus parcelas de poder pero miran para otro lado, por ejemplo, si la Audiencia Nacional suspende, con el argumento de que tal acto no las humilla, la declaración de las víctimas de un acto en el que el asesino de sus familiares ha sido homenajeado.

Contra la legitimación de ETA hay que estar siempre. Y, por no haberlo hecho, cada día que pasa se va consolidando la anormalidad de considerar normal que los criminales influyan en los Gobiernos, porque sus escaños son “legales y legítimos”, según dice con cierta lógica la ministra Celaá para justificar la falta de escrúpulos del Ejecutivo del que forma parte. Por eso, si no creemos que todos los escaños son igual de legales y legítimos, actuemos para que la democracia española se libre de ese baldón que la envilece. Hagámoslo por respeto a nuestros muertos y por nuestro futuro, para que lo construyamos desde la verdad y la dignidad. Seamos perseverantes y valientes, persigamos incansables el cumplimiento de la ley, con integridad y coherencia. Aunque en esa batalla no se ganen ni cargos, ni votos, ni escaños.

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Buenas y malas noticias para Navarra y para España

Publicado en El Debate de Hoy el 20 de junio de 2019

Entre tantas noticias descorazonadoras y preocupantes, entre tantas incertidumbres poselectorales, ha brillado por poco tiempo la buena noticia de que el Ayuntamiento de Pamplona ha sido liberado de las garras de Bildu, un partido que nunca debió ser legalizado porque defiende los intereses de ETA. Esta buena noticia ha quedado ensombrecida por el pacto del PSOE para otorgar la presidencia del Parlamento de Navarra a Geroa Bai, la rama navarra del PNV en un juego de equidistancias en el que parece que los socialistas quieren hacerse perdonar su “cesión” en el ayuntamiento y también lograr presidir el Gobierno de la comunidad a cualquier precio.

Pamplona ha estado regida cuatro años por un alcalde que no ganó las elecciones –obtuvo cinco escaños, la mitad  que UPN-y necesitó el apoyo de otros tres partidos para hacerse con el mando de la ciudad. Durante estos años, en sus actitudes y declaraciones el ya exalcalde Joseba Ausiron ha tenido como absoluta prioridad fortalecer el separatismo en Navarra y  ha mostrado una indecente preocupación por los derechos humanos de los terroristas -a los que llama presos políticos-, insinuando que se vulneran, mientras ha tratado de minimizar la brutalidad de sus crímenes.

Una de sus brillantes iniciativas en este sentido fue permitir la instalación de una celda simulada en el centro de Pamplona en la que se encerraron varias personas por turnos para «socializar la conculcación de los derechos humanos que sufren los presos». Y, por supuesto, apoyó la ley de violencia policial promovida por el Parlamento de Navarra, que pretendía buscar excusas y justificaciones al terrorismo y que fue anulada por el Tribunal Constitucional, aunque sus promotores quieren volver a tramitarla.

Un ejemplo muy gráfico de la catadura moral del exalcalde es la composición de la lista municipal que ha presentado en las recientes elecciones a la alcaldía de Pamplona. En ella ha incluido a una individua que en septiembre será juzgada por pertenencia a ETA y para la que la Fiscalía pide once años de prisión. Esa individua ya es concejal del ayuntamiento, lo cual es un bochorno y una indecencia, aunque por desgracia ya nadie se escandaliza de que los terroristas estén en las instituciones.

Atrás quedan unos años en los que el componente ideológico radical ha primado sobre el trabajo diario para mejorar la vida de los pamploneses. La buena noticia es que se abre un nuevo periodo de esperanza para frenar el ansia de los separatistas por cobrarse el trofeo navarro. Navarra Suma ha sido una iniciativa fundamental. Quienes la promovieron supieron calibrar los peligros que acechan a esa comunidad y comprendieron que era imprescindible que se unieran para tener la fuerza necesaria para afrontar el envite separatista.  Gracias a ello, y con el calculado apoyo del PSOE, el Ayuntamiento de Pamplona estará regido por un alcalde, Enrique Maya, que no permitirá que se use la institución para promover el separatismo y la anexión al País Vasco, sino que enfocará su mandato hacia el servicio a los pamploneses, desde el respeto a las leyes y a la Constitución. Si UPNPP y Ciudadanostambién hubiesen permitido que se sumase VOX al proyecto, habrían contribuido a mitigar la tensión absurda que se está produciendo entre partidos obligados a colaborar por el bien de España.

De cualquier modo, la “muralla para contener al nacionalismo” debe ser fuerte para ser capaz de resistir la incansable y pertinaz obsesión de los separatistas, empeñados en privar a Navarra de su identidad. Y para ello debe aglutinar a la gran mayoría de navarros que desean seguir siendo navarros y españoles y que legítimamente reclaman a sus gobernantes que rijan sus decisiones y actos por la voluntad de proporcionar prosperidad, bienestar, seguridad, libertad e igualdad a todos los navarros en el marco de su estatuto de autonomía y de la Constitución española.

Por esa razón, es una pésima noticia que finalmente el PSOE haya puesto en manos de los nacionalistas la presidencia del Parlamento de Navarra, muy previsiblemente a cambio del Gobierno de la comunidad foral. Al final, no ha actuado con visión de Estado y de forma farisea ha aceptado que ese partido que nunca debió de ser legalizado, porque defiende los intereses de ETA, esté en la mesa de la cámara y se abstenga para que la candidata socialista sea la presidenta de la Comunidad.

El PSOE no ha sido capaz de anteponer el interés general de Navarra y de España al suyo propio y al espurio de los nacionalistas. Porque en Navarra no estamos hablando de que gobierne la izquierda o la derecha -eso debería entrar en la normalidad de la alternancia democrática-. Se trata de salvaguardarla del envenenamiento cultural y dogmático del separatismo y de preservar su esencia y su identidad. Lamentablemente, el PSOE no ha estado a la altura. Ellos sabrán por qué lo han hecho y tendrán que asumir la responsabilidad de lo que va a suponer presidir el Gobierno de Navarra con el apoyo de los separatistas y de ese partido que debería ser ilegal porque representa los intereses de ETA. Desolador

 

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Navarra: poder o principios

Publicado en El Debate de Hoy el 4 de junio de 2019

La razón de ser del separatismo vasco es independizarse de España, la del terrorismo de Eta, también. Ambos lo han intentado con denuedo desde el minuto uno de su existencia, complementándose a la perfección.  Inolvidable el símil de “el árbol y las nueces” que empleó para explicarlo aquel malvado excura presidente del PNV. Fueron muchas las nueces, aún las siguen recogiendo. Una de ellas, una de las principales, es Navarra, todavía pendiente de caer del árbol. Navarra ha sido y es una de las conquistas que los separatistas necesitan para culminar sus planes secesionistas. La infame negociación de Zapatero, tan infame como las anteriores, como cualquier negociación con asesinos, puso sobre la mesa Navarra, igual que ahora lo hace el partido político de Eta, ese que fue legalizado como parte de los pactos que se alcanzaron con los terroristas. Entonces no lo lograron, pero su autonomía sigue en riesgo, lo está siempre porque existe una disposición transitoria en la Constitución que contempla la anexión de Navarra al País Vasco, el anhelo de los separatistas, el anhelo de Eta.

Estos días ha saltado la noticia de que el PSOE propuso a Eta un estatuto único para País Vasco y Navarra, una noticia que no es exactamente cierta. En un reportaje publicado por El País el 10 de junio de 2007, se explica con todo lujo de detalles la negociación iniciada el 21 de junio de 2005 en Suiza teniendo como interlocutor al asesino recientemente detenido en Francia, el monstruo Ternera. Entonces, como en cualquier negociación con asesinos, se corrompió el Estado de Derecho y se cometieron ilegalidades flagrantes e ignominiosas como sentarse de tú a tú con prófugos de la justicia, en lugar de instar a su detención y entrega a la justicia española,  para ofrecerles concesiones al margen de la ley.

En ese reportaje se explicaban, asumiéndolas como algo positivo, las cesiones que estaba dispuesto a hacer el Gobierno y que después se hicieron realidad, la de la “paz por presos” que vapuleó el derecho a la justicia de las víctimas del terrorismo al poner en marcha todo tipo de estrategias para excarcelar a los terroristas -la más vejatoria y terrible fue la derogación de la doctrina Parot, escudándose en una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos-;  o la legalización de las marcas políticas de los terroristas que consumó el Tribunal Constitucional en contra del criterio del Tribunal Supremo. Con respecto a Navarra, fueron los representantes de la ilegal Batasuna, entre otros, el ahora considerado “hombre de paz” Otegui, los que exigieron, en aquellas ilegales e indignas reuniones, aprobar un órgano común Navarra-País Vasco con capacidad legislativa, que el PSOE, después de muchas dudas, no aceptó.

Ahora están en juego el Gobierno de Navarra y la Alcaldía de Pamplona, y el PSOE puede elegir entre permitir que gobierne la lista más votada, la que defiende la unidad de España y que Navarra mantenga sus instituciones y su autonomía, o gobernar la comunidad apoyándose en los separatistas que quieren anexionarla al País Vasco, a cambio de cederles la alcaldía. Poder o principios, entreguismo al PNV a cambio de su apoyo a la investidura en el Congreso o respeto a los navarros, a la Constitución y a la Nación, esa es la cuestión.

Quizá en otras regiones de España no tenga mayor importancia que gobiernen unos u otros durante cuatro años. En Navarra tiene muchísima. Porque los separatistas han urdido un plan para privarla de su identidad y lo han puesto en marcha de forma implacable. Y detrás de ese plan está Eta, que es Bildu. El PSOE no puede apoyarse ni tan siquiera en la abstención de ese partido. Sería una indignidad, una inmoralidad, una indecencia, una traición. Ya bastante lo es que esas siglas formen parte del tablero político a causa de esa sucia negociación que cambió la derrota de Eta por un final consensuado que ha mancillado al Estado de Derecho. Ojalá los socialistas tengan grandeza de miras y sean capaces de anteponer el interés general de España a su afán de poder y contribuyan así a salvaguardar Navarra de las garras de los que le quieren robar su identidad foral y española.

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