La aceptación de la impunidad, la legalización de la maldad

Publicado en La Gaceta el 13 de mayo de 2016

Desgraciadamente, en mi opinión, la respuesta es no. Lo que hemos  conseguido  es que Eta decida dejar de matar a cambio de oscuras cesiones. Deberíamos y podríamos haber logrado su desaparición sin contrapartidas pero nos ha faltado confianza en nosotros mismos, nos ha faltado la seguridad de saber que el Estado de Derecho es capaz de acabar con el terrorismo con los instrumentos legales que tiene a su alcance, con integridad, con visión de largo alcance, con un objetivo definido, con la pretensión legítima de asentar una sociedad en la que no quede margen para la duda, para la ambivalencia ni para la equiparación. Una sociedad en la que los terroristas no puedan hacer política, ni dar ruedas de prensa, ni justificarse en los medios de comunicación, ni organizar manifestaciones multitudinarias.

Sin embargo, está pasando todo lo contrario. Y cada paso que se avanza en la consolidación de la impunidad, de la manipulación y la mentira -especialmente en el País Vasco- se hace disimulando, intentando ocultar las trampas y subterfugios que se están empleando para dar cumplimiento a los pactos alcanzados en su día y fielmente mantenidos hasta hoy. Por eso, muchos españoles sentimos un gran desconcierto ante la política antiterrorista que se está llevando a cabo y contemplamos desolados la ausencia de iniciativa política para tratar de neutralizar la perversa influencia de los planteamientos ideológicos que pretenden descaradamente absolver de sus culpas al terrorismo de Eta.

Son muchas las evidencias de lo que está ocurriendo. En los últimos años se ha aplicado una política penitenciaria que ha permitido múltiples excarcelaciones más que cuestionables, desde la del terrorista Bolinaga hasta las producidas por la  escandalosa derogación de la doctrina Parot. Los magistrados de la Audiencia Nacional se van a reunir para decidir si aplican a los terroristas un atenuante que permite reducir penas en uno o dos grados por una oportuna modificación del Código Penal que entró en vigor el 1 de julio.

Y una vez que salen, se está tolerando que se les transforme en expresos respetables que dan ruedas de prensa o se reúnen en polideportivos a lanzar soflamas, como ocurrió recientemente en Usurbil, donde 750 etarras  reconocieron que reciben todas las facilidades para salir de prisión antes de tiempo, sin que se les reclame ”ni arrepentimiento ni delación” según sus propias palabras.  Hace menos de un mes en una manifestación multitudinaria en Bilbao participaron etarras que suman cientos de muertos y condenas a más de 20.000 años de cárcel entre todos, de las que han cumplido una ínfima parte. Esos asesinos múltiples exigieron amnistía chulescamente   y leyeron una carta de un terrorista, en prisión por haber ordenado el asesinato de Miguel Ángel Blanco,  en un obvio acto de humillación a las víctimas, que por supuesto no tendrá consecuencias, aunque esté expresamente prohibido por la ley.

La práctica totalidad de la clase política ha aceptado imperturbable que el entramado terrorista tenga una presencia pública cada vez más notoria  en todos los ámbitos y existe una clara disposición a tolerar las campañas intoxicadoras, legitimadoras y equiparadoras de “violencias” que se planifican y subvencionan con descaro por el Gobierno Vasco. Desde las instituciones se utilizan tranquilamente términos acuñados por los criminales como conflicto, refugiados, presos políticos, violencia, abusos policiales, que poco a poco van siendo aceptados por sectores cada vez más amplios de la sociedad, ignorando que “la confusión en los vocabularios crea la confusión en los espíritus”, como dijo André Maurois.

El Gobierno vasco acaba de proponer una ley de reparación de víctimas de abusos policiales a la que va a destinar doce millones de euros en concepto de indemnización a las víctimas y cuya mera denominación ya implica el cuestionamiento de la honorabilidad de las Fuerzas de Seguridad del Estado que tan abnegadamente se han sacrificado en la lucha contra el terror. Y a la vez el PNV avala públicamente a un individuo –Hasier Arraiz- que va a ser juzgado por intentar reconstruir Batasuna a las órdenes de Eta- declarando que los “tiempos judiciales deben acompañar a los políticos” en un intento descarado de injerencia en la supuesta independencia del poder judicial. Es decir, para los nacionalistas hay que pasar página respecto a los crímenes de Eta pero hay que remover, señalar y acusar, incluso sin pruebas, a la policía “española” de crueles torturas. ¡Qué indecencia!

Solo en el último mes, el Parlamento de Navarra ha acogido una exposición que pretende describir los “80 años de represión en Navarra” y los diputados de EH Bildu han exhibido carteles en contra de la tortura. También en Pamplona ha sido detenido el portavoz de Sortu por injurias a la Guardia Civil y un etarra juzgado por el intento de asesinato de un concejal de UPN  ha sido recibido –como tantos otros en el País Vasco- como un héroe.

En el marco de la principal exposición que se celebrará con motivo de la capitalidad europea San Sebastián 2016,  un macroproyecto titulado “Tratado de paz”, subvencionado por el ministerio de Cultura, ha calificado al terrorismo de Eta como un “fenómeno  político, militar y cultural” mientras el viceconsejero del Gobierno Vasco  apoya tal definición declarando que la banda terrorista tiene una “raíz cultural”.

Y en la enclenque reacción a la minuciosamente planificada campaña de legitimación del terrorismo, se producen graves incoherencias, como por ejemplo cuando un senador del Reino de España es procesado por el Tribunal Supremo por pertenencia a banda armada y casi nadie lo sabe ni se escandaliza pero en cambio se produce una reacción contundente cuando Otegui acude de visita al Parlamento Europeo, o cuando unos titiriteros de Madrid sacan una pancarta de apoyo a Eta y se considera inadmisible –con razón- aunque nadie dice nada de los payasos subvencionados que acuden constantemente a  festejos municipales del País Vasco haciendo descarada apología del terrorismo.

Se actúa –cuando se actúa- casi siempre como reacción, no de forma proactiva, ni preparando iniciativas de largo alcance para tratar de impedir que se consuman los desafíos, los avances sistemáticos en la consolidación de la implantación social de la manipulación de la verdad, de la aceptación de la impunidad, de la legalización de la maldad.  Y se está olvidando que, como denunció Thomas Mann, “la tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad”.

Habría que pensar si el colapso institucional que está viviendo hoy nuestro país no sería tal –o no sería tanto- si no se hubiese producido la gran corrupción moral que suponen los brazos caídos en la defensa valiente, integra y coherente del  simbolismo profundo de las víctimas del terrorismo como baluarte de la  libertad y la democracia y que tanto nos podría ayudar a fortalecernos a nosotros mismos como Nación y a consolidar la dignidad colectiva y la victoria moral frente al mal.

 

 

 

 

 

 

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Los jueces han sentado un precedente para evitar que las víctimas denuncien sus errores

Publicado en Diario Vasco el 6 de abril de 2016

Las cuatro hijas de Jesús Velasco Zuazola, el jefe de Miñones de Álava asesinado por ETA en 1980, se sienten «desengañadas y decepcionadas» con la Justicia después de que la Audiencia Nacional les haya reclamado 6.000 euros por las costas de un proceso en el que demandaron al Estado por presuntas negligencias judiciales. La familia ha impugnado la minuta que ha recibido de la Abogacía del Estado para hacer frente a las costas, pero más allá del dinero, Ana María, una de las hijas de Velasco, interpreta este gesto como «la puntilla» que viene a cerrar «un cúmulo de errores judiciales que han provocado la impunidad para los dos asesinos de mi padre». –¿Cómo está viviendo toda esta situación?

–Con mucha desolación, mucha tristeza y desengañadas con respecto a la actuación de la Justicia. Aunque desgraciadamente no puedo decir que estemos sorprendidas, porque ha sido un desengaño tras otro, llevamos años sufriendo unas actuaciones incomprensibles por parte de la Justicia.

–¿Podría explicar algunas de ellas?

–Primero nos enteramos de que no se había procesado al autor material del asesinato de mi padre (según la familia, el etarra Lorenzo Aiestaran) a pesar de que había unas pruebas flagrantes contra él que lo inculpaban. El propio fiscal, en un escrito de acusación en otro juicio, daba por sentado que él era el autor material del asesinato, pero a pesar de eso nunca fue procesado, lo que ya fue incomprensible. En relación a la otra persona implicada en el asesinato (el también etarra Gracia Arregi), dejaron que el delito prescribiera por no pedir a tiempo la extradición a Francia. Puede suponer lo que ambos casos significaron para nosotras, y por eso decidimos demandar al Estado. –¿En algún momento del proceso imaginaron que tendrían que acabar pagando las costas? –Nosotras pensábamos que el Estado nos acabaría dando la razón en el procedimiento que entablamos contra él, porque los errores parecían evidentes, aunque nuestro abogado ya nos avisó de que sería muy difícil porque los jueces no suelen reconocer sus errores. Pero jamás se nos pasó por la imaginación que además nos hicieran pagar las costas. Cuando salió la sentencia desestimatoria de la Audiencia Nacional en 2014, en el fallo ya se decía que nos condenaban a pagar las costas, pero en el año y medio posterior no recibimos ninguna notificación. Pensamos que sería algo formal que no harían efectivo, pero ahora nos las han reclamado. –¿Les llegó una carta reclamándoles 6.000 euros por las costas?

–En la sentencia de 2014 no aparecía ninguna cifra concreta, pero la semana pasada nos llegó un escrito en el que se nos reclama 6.000 euros por la minuta del abogado del Estado. –En su impugnación, consideran que esa cantidad es «excesiva».

–Bueno, nosotras creemos que no tendrían que condenarnos a pagar absolutamente nada. Por una cuestión incluso de sensibilidad. –¿Han propuesto que las costas se reduzcan al menos a 1.000 euros?

–Eso lo ha propuesto la procuradora en el escrito de impugnación, pero nosotras creemos que no nos deberían cobrar nada. No por el dinero en sí, sino por lo que significa. –También alegan que las víctimas del terrorismo, por ley, tienen derecho a la defensa gratuita. –Se supone que es así. De hecho, en la sentencia, aunque no nos dan la razón, en el fondo sí nos la dan, porque lo que dicen es que no ha habido mala administración de Justicia, pero sí error judicial. Entonces nos dicen que tendríamos que haber reclamado por otra vía, aunque esa posibilidad no era posible porque los plazos para reclamar por esa vía a la que apelan son mucho más cortos: si no te enteras del error que han cometido hasta años después, ya no tienes la opción de reclamar por esa vía. Es una manera de cerrar puertas para que ninguna de las numerosísimas víctimas que se han visto afectadas por negligencias judiciales puedan reclamar al Estado. Quieren sentar un precedente para que no pueda ir nadie detrás de nosotros exigiendo responsabilidades o denunciando errores que hayan podido cometer.

–¿Esas responsabilidades son solo judiciales o también políticas?

–En este caso son de la Audiencia Nacional y de sus jueces, que se quieren cubrir las espaldas y no quieren que quede en evidencia todo lo que han hecho mal.

–Que, a su juicio, ¿ha sido mucho?

–Muchísimo. Es público y notorio que hay más de 300 crímenes de ETA sin resolver y, muchos de ellos, a causa de que no se ha investigado, no se han mandado requerimientos… La Justicia no ha sido eficaz y los jueces no han trabajado como deberían. –¿Un caso como el suyo le hace perder la esperanza de que algún día puedan esclarecerse muchos de esos 300 asesinatos sin resolver? –Pues, desgraciadamente, lo veo muy complicado. Muchos han prescrito ya y tampoco veo mucha voluntad por resolverlos.

–¿Qué sensación le queda?

–Una sensación de enorme desengaño, de decepción y de falta de confianza. La impresión es que el Estado de Derecho nos ha fallado y no nos ha protegido ni nos ha amparado, lo cual era su obligación. –¿Confía en que, una vez que se ha hecho público su caso, el Estado dé marcha atrás y les condone el pago de las costas del proceso? –Lo dudo. Pero a mí lo de las costas me parece la puntilla, porque lo realmente grave es que dos terroristas implicados en un asesinato no hayan sido juzgados y no vayan a cumplir la condena que les corresponde. Y lo segundo realmente grave es que la Administración de Justicia no quiera reconocer sus propios errores. Lo de las costas es la evidencia de su falta absoluta de sensibilidad. –¿Aquí acaba el proceso judicial en el que la familia Velasco ha estado inmersa en los últimos años? –Es que ya se nos quitan las ganas de seguir. Para nosotros todo esto es muy doloroso porque nos remueve muchísimo y nos desazona. Francamente, te sientes muy impotente.

–Su madre, Ana María Vidal-Abarca, fundadora de la AVT, falleció hace un año sin ver que se hubiera hecho justicia, pero al menos evitó este último mal trago… –Así es. Si aún viviera, ahora mismo estaría sintiendo lo mismo que sus cuatro hijas: una gran decepción.

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Por qué no vamos

Publicado en El Correo el 8 de enero de 2016
El Ayuntamiento de Vitoria ha organizado un homenaje a nuestro padre, Jesús Velasco Zuazola, asesinado por Eta el 10 de enero de 1980, en el marco de un proyecto que llevará a cabo durante todo el año 2016 para recordar a todas las “víctimas de vulneraciones del derecho a la vida” ocurridas en la ciudad entre 1960 y 2010. Desgraciadamente, nos sentimos moralmente obligadas a no acudir porque creemos que tras el aparentemente loable gesto de honrar la memoria de las víctimas del terrorismo en la ciudad de Vitoria, se esconde la intención de diluir la terrible responsabilidad criminal de Eta en un magma de violencias puestas en un mismo plano. Nosotras –que sabemos que la vida humana es sagrada- también sabemos que los asesinatos con intencionalidad política fríamente planificados y ejecutados con infinita crueldad, maldad y cobardía por parte de una banda terrorista, a lo largo de décadas, no tienen absolutamente nada en común con un homicidio cometido por un policía borracho, ni con trágicos errores sin intencionalidad previa.

La nomenclatura empleada por la Secretaría General para la Paz y la Convivencia del Gobierno Vasco en sus “Retratos municipales de las vulneraciones del derecho a la vida en el caso vasco. Vitoria-Gasteiz 1960-2010” no deja lugar a dudas. El significado real de la palabra vulneración es “transgresión, quebranto, violación de una ley o precepto” y también “daño o perjuicio”, mientras que asesinato se define como “crimen alevoso o premeditado”. ¿Por qué el Gobierno Vasco retuerce el significado de las palabras? ¿Por qué trata de minimizar la brutal realidad de los cientos de asesinatos, la coacción, el miedo, la falta de libertad que hemos padecido los vascos a causa del terrorismo de Eta y de la que tan avergonzados nos deberíamos sentir?¿Por qué se empeña en elaborar informes y organizar actos para igualar a militares, policías y guardias civiles que tantas vidas han entregado y tan valientemente han combatido el terrorismo con los abyectos criminales que han quebrantado salvajemente nuestra convivencia y nuestra libertad? ¿Por qué dedican tantos recursos a disfrazar u ocultar la verdad? ¿Qué escenario final pretenden construir?

Lamentamos profundamente cada muerte injusta, cada pérdida de cada persona acontecida de forma no natural, pero si las instituciones vascas quieren rendir homenaje a las víctimas de las “vulneraciones del derecho a la vida” no deberían olvidarse de las víctimas de la violencia machista que seguro que entre 1960 y 2010 han sido muchas o de las causadas por reyertas o enfrentamientos en los que no estén implicados policías que seguro que también habrá bastantes. Nos parece perverso y ofensivo el intento de equiparar el crimen organizado con el agravante de su intencionalidad política con cualquier otro tipo de muerte violenta. Creemos que las víctimas de Eta merecen por si mismas, sin ser difuminadas, el reconocimiento agradecido de toda la sociedad y que no se debe –y mucho menos desde las instituciones –facilitar coartadas que puedan dar una explicación justificadora de la existencia de Eta. A ese fin mezquino, las hijas de un militar alavés y español, que sirvió siempre con nobleza y lealtad a su país y amó profundamente a su tierra alavesa, jamás nos podremos prestar.

Ana, Begoña, Inés y Paloma Velasco Vidal-Abarca

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ETA está en las instituciones

Publicado en El Mundo el 30 de octubre de 2015

El ministro del Interior afirma  que Eta está derrotada, que ya solo está en las cárceles y que lo único a valorar es su disolución. Ojalá la percepción del ministro respondiese a la realidad y se produjese una disolución de la banda que significase su desaparición de la escena pública, que nadie justificase su existencia y que se deslegitimaran sus planteamientos. Pero, desgraciadamente, los hechos son tozudos y lo que nos muestran es que centenares de ayuntamientos del País Vasco y Navarra están encabezados por acólitos o simpatizantes de ese terrorismo que consideran redentor, al que jamás condenarán y a cuyos criminales ensalzan siempre que tienen ocasión.

La realidad es que el actual Gobierno de Navarra está sustentado por un partido que no condena el terrorismo y cuya portavoz ha dicho que no hay que alegrarse de las detenciones de etarras; la realidad es que un diputado del Parlamento Vasco, Iker Casanova, pasó once años en la cárcel condenado por pertenencia a banda armada y que Hasier Arraiz, presidente de un partido político legal ha dicho públicamente que “matar fue acertado” y que  los asesinos de Eta  son “hombres y mujeres capaces de dar su vida por un sueño”; la realidad es que el senador del Reino de España, Iñaki Goyoaga va a ser investigado por el Tribunal Supremo por integración en Eta; la realidad es que, Sabino Cuadra, uno de esos diputados de uno de esos partidos que se legalizaron como consecuencia de la negociación, ofende a los españoles cada día con su indigna presencia en el Congreso y ha roto impunemente las páginas de la Constitución desde la tribuna de oradores; la realidad es que la alcaldesa de Hernani que pidió un aplauso para los asesinos de la T4 formará parte de unas listas para ser diputada en el parlamento de España.

La realidad es que estamos disimulando y mirando para otro lado, aceptando tácitamente el final del terrorismo que a los nacionalistas les conviene y por el que trabajan incansables: el de la impunidad y la legitimación, sin derrota política. Por eso disimulamos y miramos para otro lado cuando el Gobierno Vasco dedica 20 millones de euros en cuatro años a un plan de paz y convivencia que pretende equiparar los asesinatos de Eta –a los que denomina “vulneraciones del derecho a la vida”- con “los abusos policiales” y cuando anuncia públicamente que apoyará homenajes a etarras fallecidos. Y por eso también disimulamos sin replicar cuando los nacionalistas en bloque protestan porque se detenga a los dirigentes de la banda y se muestran contrarios a “un final policial” es decir a que  se pueda detener y juzgar a los delincuentes por sus delitos como es consustancial en cualquier Estado de Derecho.

La realidad es que Eta no solo está en las cárceles- cada vez más vacías, por cierto- sino que está en las instituciones y que su pretensión es alcanzar el poder en el País Vasco, con Arnaldo Otegui a la cabeza –ya ha empezado su orquestada campaña de imagen-. Y por mucho que miremos para otro lado, por mucho que se haya impuesto la consigna del silencio y del dejar hacer con respecto a un asunto en el que parece que todo está pactado y “amortizado”, Eta y sus aliados siguen adelante con sus planes y sus planes siguen siendo los mismos de siempre.

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¡Viva España!

Por Jaime González

Publicado en ABC el 8 de julio de 2015

Ahora que Ana María Vidal-Abarca se ha hecho un sitio en el cielo, me gustaría dedicarle dos palabras: ¡viva España! Son las mismas que gritó su corazón aquel enero de 1980 ante el féretro de su marido. A Jesús Velasco Zuazola, jefe de los Miñones de Álava, lo asesinaron por su condición de militar español cuando llevaba a sus hijas al colegio de las Ursulinas de Vitoria. La pequeña Inés hizo una descripción perfecta del asesino de su padre: «Tenía cara de rabia». No hay mejor retrato del odio que el que dibujaron los inocentes ojos de una cría clavada en mitad del espanto.

Ante el féretro de su esposo, Ana María gritó: ¡viva España! Toda una declaración de amor. Y el salvaconducto para un exilio forzoso. Abandonó Vitoria y recaló en Madrid con sus cuatro hijas pequeñas. Al año siguiente fundó, junto con Isabel O’Shea y Sonsoles Álvarez de Toledo, la Asociación Víctimas del Terrorismo, un club de almas XXL cuyos socios colocaron en la puerta un cartel: «No estamos curados de horror, pero sí de venganza».
Ana María era una vara erguida de dolor, como si tratara de compensar la pena con la esperanza vertical de su espalda. Caminaba tan recta que a veces costaba divisarle la frente. No sé si el ABC se seguirá repartiendo en el cielo –con esto de la crisis se han suprimido algunas rutas–, pero quería rendirle homenaje gritando ¡viva España!, que es la mejor manera de tenerla presente. No es por fervor patriótico, sino para que no se apague su memoria, que es la memoria que alumbró la memoria de tanta gente que estaba a punto de desaparecer de la memoria.
Le han concedido –a título póstumo– la Medalla de la Orden al Mérito Constitucional. En este país, Ana María, hay que morirse para que te reconozcan, aunque te desvivas y seas la carne y el hueso triturado de la mismísima libertad. Ha dicho tu hija Ana que temías que las víctimas del terrorismo cayeran en el «olvido colectivo». Yo creo que, a estas alturas, el «olvido colectivo» solo se combate gritando ¡viva España!, que es la forma más hermosa que tenemos los españoles de ponernos en el lugar de quienes, como tú, fundieron el amor y el dolor en aquel ¡viva España! con el que te abrazaste para siempre a tu esposo.
Dale recuerdos a Jesús y aprovecha para ganarle al tiempo esos treinta y cinco años que te robó aquel asesino «con cara de rabia».

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Intervención en la entrega de la medalla al Mérito Constitucional a Ana María Vidal-Abarca

Madrid, 6 de julio de 2015

Excelentísimas autoridades, señores miembros del patronato de la Fundación de Víctimas del Terrorismo,  señoras y señores, querida familia.

En nombre de mis hermanas, Begoña, Inés y Paloma,  pero sobre todo y ante todo, en nombre de nuestra madre, Ana María Vidal-Abarca, agradecemos esta distinción que se le concede por su labor en favor de las víctimas del terrorismo, que no es más que la consecuencia de su compromiso inequívoco, constante y leal hacia España, hacia la justicia y hacia la libertad,  valores supremos que ya en su preámbulo defiende la Constitución.

Nuestra madre, desde su condición de alavesa, de esposa de militar también alavés, asesinado por representar  la misión constitucional de las Fuerzas Armadas de “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”, consideró su deber honrar la memoria de nuestro padre y la de todos los que como él han muerto defendiendo el fundamento de nuestra Constitución: “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”.

Ella siempre fue consciente de lo que el terrorismo ha pretendido: destruir nuestra Nación. Y sabía que todas y cada una de las víctimas con las que el fanatismo separatista ha sembrado España de dolor durante tantos años son héroes que con sus vidas han protegido las de todos nosotros, nuestro marco de convivencia y nuestra libertad. Por eso se empeñó desde el principio, con denuedo  y tesón, en conseguir lo que las víctimas merecían y siguen mereciendo: reconocimiento, protección y justicia con mayúsculas, sin mercadeos, sin dejaciones, con integridad, sin caminos polvorientos, con coherencia y con principios, sin vulnerar jamás las normas del Estado de Derecho, de la Constitución, que deben de regir, pase lo que pase, el comportamiento de todos.

En los últimos tiempos se decía “escéptica”, triste porque se hubiese tolerado la presencia institucional de partidos cuya  ideología se sustenta en la justificación indisimulada de la maldad absoluta del terrorismo -por mucho que sus estatutos digan otra cosa- y en la voluntad de destrucción de “la Patria Común e indivisible de todos los españoles”; estaba inquieta por las opacidades y las cesiones, dolorida por las excarcelaciones  -tras ridículos cumplimientos de condena- de los más atroces asesinos en serie y estaba preocupada por los casi 400 asesinatos cometidos por ETA aún sin resolver;  le  desazonaba el silencio, la promoción del olvido colectivo,  la indiferencia, la dejación en la obligación moral de asentar con claridad ante la sociedad y para la historia,  la verdad de la brutal persecución política padecida por los no nacionalistas en el País Vasco a través de su exterminio físico,  de su expulsión geográfica o de su sometimiento ideológico.

Voy a leer unas palabras suyas manuscritas que demuestran  su categoría humana ante los desengaños sufridos a lo largo de los años por comportamientos ajenos al espíritu de nuestra Constitución y por tantas vulneraciones de la Ley  causadas por pura debilidad política y por falta de fe en la superioridad moral de la democracia española:

“Los años y la experiencia me han enseñado algo muy valioso: Puede parecer un contrasentido pero no lo es. En esta vida hay veces que aunque parezca que pierdes, ganas. Porque ganas siempre cuando eres buena persona, ganas siempre cuando procuras no hacer daño a nadie, ganas cuando defiendes la vida y la libertad. Ganas siempre cuando defiendes tus ideas con la palabra, razonablemente, sin descalificar y ganas cuando confías, aunque a veces te equivoques.”

Ella obró en conciencia, fue coherente,  valiente e íntegra,  jamás se traicionó a sí misma y siempre se preocupó más por los demás que por si misma. Su labor en la Asociación de Víctimas del Terrorismo y después en la Fundación fue su forma de servir a España: honrando la memoria de las víctimas, tratando de procurarles la justicia que merecen y a la que jamás renunció y ayudando a sus familias. Quizás esa sea la razón de que hoy reciba este alto honor que nosotras sus hijas, en su nombre, tanto agradecemos.

Muchas gracias.

http://www.europapress.tv/politica/274029/1/hija-vidal-abarca-critica-excarcelacion-presos.html

 

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Ana María Vidal-Abarca, una mujer imprescindible

Por Paulino Baena.

Publicado en La Razón, el 23 de junio de 2015.

Creo, sinceramente, que este mundo merece la pena sólo porque por él han pasado personas de la talla humana de Ana María Vidal-Abarca. Nadie mejor que ella para reconciliarte con la vida, para ponerte mirando allí donde debes concentrar tu atención y dejar de atender a esos ruidos cercanos, cotidianos, casi siempre de orden material, que no hacen otra cosa que distorsionar, a veces hasta conseguir ocultar aquello que verdaderamente importa.

Los que hemos tenido la inmensa suerte de conocerla, de tratarla, sus familiares –entre los que me encuentro- siempre hemos mirado hacia ella como una fortaleza moral. Su figura se elevaba sobre nosotros como un faro, cuyo haz de luz iluminaba el camino a seguir. Dispuesta a minimizar los problemas de cualquiera que se le acercara, porque, como solía decir “siempre hay muchas cosas por las que dar gracias”; alguien a quien recurrir, que te ofrecía su apoyo sincero, una ayuda desinteresada que te reconfortaba, que te pintaba una realidad diáfana por la que manejarte sin tropezar.

Natural de Vitoria, donde había nacido en 1938, Ana María sufrió la pérdida de su marido Jesús Velasco Zuazola, comandante de Caballería y jefe del Cuerpo de Miñones de Álava, asesinado en cobarde atentado terrorista, en enero de 1980. Eran los llamados “años de plomo” donde los afectados por la lacra del terror, lejos de recibir el consuelo y la solidaridad de la sociedad y del Estado, padecían una segunda victimización en forma de olvido, cuando no de rechazo y desconsideración. Ana María, paso a paso, con escasísimos medios y apoyos iniciales, iba a cambiar esa vergonzante dinámica.

Tras la tragedia sufrida, levantó su casa de Vitoria, dejó atrás su ciudad, su tierra, sus familiares y amigos, y recaló en Madrid con sus cuatro hijas menores de edad. Al año siguiente de su llegada a la capital, 1981, fundó, junto a la ya fallecida Isabel O´Shea y Sonsoles Álvarez de Toledo, la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), una organización que ha realizado un trabajo encomiable, en sus 34 años de existencia, ayudando a cientos de familias damnificadas por el terror.

Ana consagró su vida, además de a su familia, a luchar por la dignidad de las víctimas del terrorismo. Una labor continuada a lo largo de los años, con un compromiso personal del que dejó sobradas muestras. Presidió la AVT entre 1989 y 1999 y después lideró también la Fundación de Víctimas del Terrorismo, entre 2001 y 2005. Su trabajo, su constancia y su empuje lograron, final y felizmente, que los españoles golpeados por el terror recibieran la atención y el reconocimiento que merecían.

Ana María Vidal-Abarca constituye un ejemplo de lucha por la justica, un referente moral de coraje frente a la iniquidad. Su serenidad en situaciones difíciles, su sentido de la honestidad, su generosidad para dar consuelo y reconfortar a las personas que sufrían, eran el reflejo de una persona con un corazón limpio y bondadoso.

Cada vez que utilizo un verbo en pasado refiriéndome a ella siento una profunda tristeza. Su ausencia nos deja un vacío hondo donde resuena el eco de su voz firme y tierna, mientras en nuestra mente aparece su sonrisa sincera y contagiosa. Como dijo una sobrina suya en el remolino de dolor y lágrimas que se organizó alrededor de su lecho postrero, “ha sido el sentido común hecho mujer”. Posteriormente, en el tanatorio de Tres Cantos, donde se le rindió el homenaje madrileño que merecía, y antes de trasladar sus restos a su ciudad natal, Vitoria, para recibir sagrada sepultura, una conocida periodista y escritora, amiga de la familia, la calificó de la manera que tomo prestada para el titular de este modesto texto de homenaje: “Una mujer imprescindible”.

Sencilla al tiempo que elegante por dentro y por fuera, Ana María deja cuatro hijas y doce nietos que mantendrán viva su memoria como un ejemplo de abnegación y fortaleza frente a la adversidad. Para todos sus familiares, para sus amigos y amigas -ella era la amiga soñada por su generosidad y empatía con quienes le rodeaban-, y para una legión de sinceros admiradores, Ana María Vidal-Abarca deja, con su trayectoria vital, una lección de integridad  que nos servirá para tratar de ser mejores cada día. También para pintarle una sonrisa a la vida.

Tristemente, nos ha dejado, rodeada del cariño de los suyos, con la esperanza de reencontrarnos en un mundo hecho a su imagen y semejanza,  en el que la generosidad sea la ley. Y que se cumpla. Un estado de bondad en el que hacernos fuertes para siempre.

En la mañana del miércoles 17 de junio, un día fresco de primavera norteña, con su noble alma volando ya hacia la eternidad, entregamos a su tierra vasca su cuerpo de mujer sin doblez, envuelto en la bandera de España, en un homenaje postrero a quienes derramaron su sangre por esa enseña y por cuya memoria ella tanto luchó.

De todo corazón, gracias Ana.

 

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