¿Qué paz queremos?

Publicado en ABC el 18 de enero de 2007

Da la impresión de que el leit motiv del actual Gobierno de España se resume en una única palabra: paz. Estas tres letras encierran un significado profundo, una estrategia  concreta de tender la mano a Eta que el Gobierno se empecina en llevar a cabo contra viento y marea.

 Pero, ¿quién no quiere la paz? ¿Hay algún ciudadano o partido político que no quiera la paz? Incluso la banda asesina Eta y quienes les apoyan dicen que quieren la paz.  La discrepancia profunda no está en el objetivo de lograr la paz sino en lo que se entiende por paz, que camino se debe recorrer para lograrla y que connotaciones políticas  y sociales debe tener esa paz.

 Los grupos políticos, según su tendencia, tienen diferentes percepciones de la paz. Así, Zapatero y su Gobierno tratan de transmitir una visión etérea y bondadosa en la que los seres humanos se cogen de la mano, se miran a los ojos y se quieren en un mundo perfecto. El modelo a seguir es Ghandi. El Presidente llegó a viajar a la Indiapara hacer una ofrenda floral en su mausoleo con la siguiente dedicatoria colegial  ““PAZ. Vivir en PAZ, la más grande utopía universal. Con emoción y admiración a Ghandi. De España, un país en paz, un país para la paz”  

 Zapatero no asocia  paz con libertad, ni con justicia, ni con solidaridad, ni con equidad.  Para él, la consecución de la paz  justifica tratar de comprender y acercar posiciones con aquellos que la impiden. Zapatero cree que para alcanzar la paz es necesario apaciguar a los terroristas, hacerles concesiones que hagan posible que se incorporen con normalidad a la vida política, pasar página a su sangrienta trayectoria, dejar impunes sus crímenes y construir un escenario ideal en el que los etarras se reconviertan en “ciudadanos de paz” que convivan armónicamente con aquellos a los que han estado exterminando y tratando de expulsar, durante 40 años, de una parte de España que consideran suya. Esto es lo que ocurre en Azcoitia, donde Pilar Elías soporta a diario la presencia del asesino de su marido que ha puesto un negocio debajo de su casa.

 Para los nacionalistas vascos, pieza clave que explica la supervivencia de ETA, la paz equivale a autodeterminación. En su diccionario particular, la definición de paz es derecho de los vascos a decidir su futuro, territorialidad e independencia. Alcanzar esos objetivos políticos significa alcanzar la paz. Mientras tanto, no hay paz. En esta percepción coinciden al cien por cien con Eta.  La comunión de intereses entre los separatistas es la que explica la constante apelación al dialogo del partido gobernante en el País Vasco. Cuando los nacionalistas vascos dicen que hay que dialogar, lo que realmente quieren es que el Estado haga concesiones, que de a Eta lo que pida,  que es lo mismo que piden ellos.  Por eso se resisten encarnizadamente a que se rompa la negociación, sería perder la posibilidad de que  sus expectativas se cumplan.

 Por último, existe una posición que antes compartían los  llamados “demócratas” que defiende la paz como una condición que han de garantizar   nuestra Constitución y  el Estado de Derecho. Una postura que no cree que la paz sea verdadera sin libertad, que no admite que Eta sea legitimada e  incorporada a las instituciones democráticas, que no acepta la impunidad de los criminales. Una postura que  tampoco está dispuesta a que la paz signifique la quiebra de la integridad territorial y social de España, ni a que suponga que los terroristas finalmente consigan los objetivos por los que han matado.

 La paz que reclama Zapatero es una falacia, una quimera, una entelequia. La de los nacionalistas es la de la victoria de Eta. Sólo nos resta la paz de la dignidad, la de la prevalencia  del Estado de Derecho, la de la justicia, la que garantice la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos españoles, vivan donde vivan.

 La manifestación del pasado sábado 13 de enero  debería haber sido unitaria, por supuesto,  al igual que las cinco anteriores, pero que no lo fuera es la consecuencia de la concepción absolutamente antagónica que las fuerzas políticas mantienen acerca de lo que es y significa la paz y de cómo alcanzarla.

Ese día pudimos ver un mar de carteles subvencionados reclamando la paz, sólo la paz. ¿Por qué entre las decenas de miles de pancartas que se imprimieron a toda prisa no había ninguna en que se pidiera libertad?

 Como dijo Locke  “Si las personas prudentes y virtuosas, por amor a la paz, abandonasen y concediesen tranquilamente todas las cosas a quienes quisiesen hacerles violencia , ¡qué clase de paz reinaría en el mundo! ¡Qué clase de paz, la que (…) .no pudiese ser mantenida más que a costa de la ventaja de los ladrones y de los que se complacen en la opresión!. Esta paz (….) .sería semejante a la que se pretendiese establecer entre lobos y corderos, cuando los corderos se dejasen desgarrar y devorar pacíficamente por los lobos.

 ¿Es esa la paz que queremos?

 

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Acerca de Ana Velasco Vidal-Abarca

En este blog pretendo recoger mis reflexiones sobre el irreparable daño que ha causado el terrorismo en España y sobre la necesidad de que no obtenga réditos sociales ni políticos por sus crímenes. Pretendo denunciar las complicidades, las omisiones, los errores que han rodeado el combate contra el terrorismo separatista vasco y pretendo reclamar el derecho irrenunciable de las víctimas a la justicia y la obligación del Estado de Derecho de garantizar la igualdad, la libertad y la seguridad de todos los españoles.
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