Ante el chantaje

Publicado en ABC el 16 de febrero de 2007

Hace varios meses, un fanático asesino múltiple, inició un proceso de chantaje al Estado para forzar su salida de la cárcel.

 En un primer momento, únicamente se hicieron eco de la presión de este inmundo personaje sus medios afines, el diario Gara -sucesor impune del Egin- y demás nacionalistas de todo pelaje. El resto consideraron la noticia marginal y secundaria y no se prestaron a ser altavoces de la estrategia etarra, conscientes de que no había que facilitar la consecución de los objetivos propagandísticos y chantajistas de los terroristas.  No se trataba de entablar un debate nacional sobre  que un repugnante criminal viva o muera por voluntad propia, como por desgracia ha terminado ocurriendo.

 Sin embargo, una vez más, el Gobierno ha fallado en la defensa de los principios básicos del Estado de Derecho y ha propiciado que nos encontremos en una situación de retroceso flagrante en la lucha contra el terrorismo. No ha sido el guía necesario para que la sociedad en su conjunto transite por el camino de la integridad y de la resistencia ante el chantaje y la coacción. Una vez más, nos ha dejado desvalidos e indefensos, nos ha transmitido el desmoralizador mensaje de que en España los matones se pueden salir con la suya, de que las amenazas tienen rédito. Quedan lejos las actitudes heroicas ante los ultimátum de Miguel Ángel Blanco y de José Antonio Ortega Lara. Queda muy lejos el reconocimiento de aquel ejemplo de abnegación y entereza de sus familias, que fueron bastión de la actuación del Gobierno de entonces, al que apoyaron incondicionalmente en su dificilísima resistencia. Las víctimas ya no son el referente moral del Gobierno, no son el espejo en el que contemplar los efectos de la crueldad y la maldad que sobre la sociedad española ha ejercido Eta sin piedad.

 Cuando el fiscal rebajó su petición de pena de96 a12 años de cárcel para el terrorista chantajista, puso de manifiesto la debilidad y el entreguismo de un Gobierno que se empeña en mantener una política de cesiones ante las exigencias de los asesinos, de apaciguar a la bestia dándole lo que pida. La decisión posterior del Tribunal Supremo consagra la impunidad de todos aquellos, presos o no, que decidan amenazar,  por escrito o no, a unos ciudadanos que a partir de ahora estamos más indefensos y menos amparados por nuestras instituciones.

 Gracias a la tibieza calculada de este Gobierno, un miserable criminal está en el primer plano de la actualidad y los españoles estamos contemplando estupefactos como dobla el pulso al Estado de Derecho para irse a su casa tranquilamente cuando y como él decida.

 Y, para mayor escarnio, tenemos que soportar un bombardeo informativo absolutamente inadecuado que saca de las cloacas de la marginación a una alimaña que no merece ni una línea de atención, ni una referencia, ni una mención, ni mucho menos una imagen. ¿Por qué  los medios de comunicación españoles, casi siempre ejemplares en  su posicionamiento contra el terrorismo, no dan un paso al frente y asumen su responsabilidad para neutralizar y contrarrestar las campañas de propaganda terroristas? ¿Por qué en ocasiones les siguen el juego y transmiten sus consignas? ¿Por qué después de escandalizarse por el reportaje de Times, se aprestan a publicar tan infame fotografía?

 Ojalá, en lugar de esa espantosa imagen publicada hasta la saciedad que –aunque no quisiéramos- nos hemos visto obligados a ver en periódicos y televisiones, los medios hubieran realizado entrevistas y reportajes de los familiares de los veinticinco asesinados por ese sujeto, o hubiesen publicado las fotografías de sus víctimas acribilladas  a balazos o destrozadas por las bombas. Ojalá los medios no cayeran a veces en los anzuelos que tiende Eta y relegasen al lugar que les corresponde, la ignorancia y el desprecio, a los asesinos y sus cómplices. Aunque el Gobierno los alimente.

 

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Acerca de Ana Velasco Vidal-Abarca

En este blog pretendo recoger mis reflexiones sobre el irreparable daño que ha causado el terrorismo en España y sobre la necesidad de que no obtenga réditos sociales ni políticos por sus crímenes. Pretendo denunciar las complicidades, las omisiones, los errores que han rodeado el combate contra el terrorismo separatista vasco y pretendo reclamar el derecho irrenunciable de las víctimas a la justicia y la obligación del Estado de Derecho de garantizar la igualdad, la libertad y la seguridad de todos los españoles.
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