Derecho a la Justicia

Publicado en ABC el 27 de junio de 2010

Hay quien piensa que la recompensa a Eta por que deje de matar es contemplar medidas de gracia para sus presos, suavizar las condenas y que salgan en libertad mucho antes de lo que les correspondería. En una estrategia de “palo y zanahoria”,  por una parte se detiene cada vez a  más terroristas y por otra se envían mensajes ofreciendo a la banda “generosidad” con sus miembros a cambio de que Batasuna-ETA se reconvierta en una organización política “pacífica” y respetuosa con la Ley de Partidos.

Este planteamiento es inicuo e inaceptable fundamentalmente por dos motivos.  El primero,  porque priva a las víctimas  y a la sociedad en su conjunto de su derecho irrenunciable a que se haga justicia por los gravísimos crímenes terroristas. El Estado renunciaría a garantizar ese derecho -pilar fundamental de cualquier país democrático- para utilizarlo como instrumento en el intercambio maniqueo de favores con una banda de asesinos, dejando a las víctimas desamparadas.

En segundo lugar -además de profundamente injusto e inmoral- es de una irresponsabilidad absoluta que  se dé la oportunidad a los criminales de  salir a la calle y volver a matar. Ya ocurrió en 1977 -que nadie lo olvide-. La Ley de Amnistía que se aprobó aquel año propicio centenares de asesinatos que fueron cometidos en los años ochenta y noventa por los etarras amnistiados. En esa ocasión, los políticos pecaron de ingenuos y buenistas confundiendo sus deseos con la realidad. Las consecuencias fueron catastróficas y la desolación de las víctimas al saber que fue el Estado quién  favoreció aquellos “años de plomo”, infinita. No vuelvan a equivocarse, por favor. Otra vez, no.

En lugar de pensar en liberar a presos, haría mucho mejor el Gobierno empleando sus recursos en conseguir traer a España a los numerosos terroristas que campan a sus anchas por Sudamérica. Terroristas a los que se dejó vivir tranquilos desde que fueron deportados en los años 80 y 90, también por conveniencias políticas del momento que relegaron la obligación del Estado de impartir justicia,  a cambio de la  siempre fracasada e indigna negociación. Esa dejación ha tenido como resultado la prescripción de cuantiosos delitos y por tanto la impunidad definitiva de sus autores.

También haría muy bien el Estado ocupándose de poner los medios para que la Audiencia Nacional funcione correctamente y facilite información de los procedimientos a las víctimas, tal y como le obliga la Ley, además de responder a sus demandas con agilidad y rigor. Por no hablar de otras omisiones tremendamente graves que desde las instituciones se han cometido con las víctimas y que denotan o falta de sensibilidad o voluntad de mantenerlas al margen para que no interfieran en determinados intereses que se contraponen a sus derechos.

 

Quisiera hacerme eco de las palabras que pronunció el poeta argentino Juan Gelman, al recibir el Premio Cervantes y que resumen a la perfección que la justicia  es el camino a seguir sí queremos que, cuando al fin derrotemos a Eta, la sociedad española avance fortalecida hacia el futuro: “Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Solo así es posible el olvido verdadero.”

 

 

 

 

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Acerca de Ana Velasco Vidal-Abarca

En este blog pretendo recoger mis reflexiones sobre el irreparable daño que ha causado el terrorismo en España y sobre la necesidad de que no obtenga réditos sociales ni políticos por sus crímenes. Pretendo denunciar las complicidades, las omisiones, los errores que han rodeado el combate contra el terrorismo separatista vasco y pretendo reclamar el derecho irrenunciable de las víctimas a la justicia y la obligación del Estado de Derecho de garantizar la igualdad, la libertad y la seguridad de todos los españoles.
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