Negociar con ETA

6 de abril de 2011

En los pasados días se ha armado un justificado revuelo por la información difundida por El Mundo sobre el contenido de las actas realizadas por Eta sobre sus reuniones con representantes del Gobierno. Llama la atención el especial escándalo que ha suscitado el hecho de que las negociaciones con la banda hubiesen continuado después de la “salvajada” de Barajas, como si antes no hubiese habido “salvajadas” si cabe más lacerantes como el atentado de Hipercor o el de la casa cuartel de Zaragoza, o el de Vic, o las bombas de la Plaza de la República Dominicana, o el atentado de Vallecas, o el de la Calle Joaquín Costa, a cada cual más terrible y brutal. Como si la negociación anterior no hubiese sido vergonzosa, vejatoria e indigna. Como si dependiendo del momento o las circunstancias se pudiese o no mercadear  traicioneros pactos lesivos para España con despreciables asesinos.

El contenido de las actas de Eta es demoledor para el Estado de Derecho y lo es desde el momento en que los representantes de la soberanía del pueblo español, del que emanan los poderes del estado, vulneran la legalidad y se pliegan al juego de los criminales accediendo a  inmorales  intercambios que solo son sometimiento a su chantaje. Nada bueno puede salir de ahí porque lo que falla es el planteamiento de base: con los terroristas no se habla, a los terroristas no se les da crédito, a los asesinos no se les ofrecen contrapartidas, ni excarcelaciones prematuras, ni se les hacen concesiones políticas. Los Gobiernos no pueden degradar a las instituciones, ni desvirtuar su cometido. Y si lo hacen, han de asumir su responsabilidad, la crítica y la repulsa de la sociedad. Y la vergüenza, si es que la tienen, por lo que han hecho.

Ocurre que, ante tan innoble comportamiento, el Gobierno ha reaccionado acusando con un “vosotros también lo hicisteis” a la oposición como si porque otros se hayan equivocado, uno pueda hacerlo también y al equivocarse todos, el mal ya no sea mal e incluso se convierta en bien. Absurda y grotesca justificación.

Es cierto, el gobierno de José María Aznar se reunió con representantes de Eta. Es cierto, hablaron del Movimiento de Liberación Vasca. Es cierto, dijeron que no iban a perseguir a terroristas del pasado. Es cierto, se equivocaron. Pero también es verdad que rectificaron. También es verdad que rápidamente cogieron el pulso de la situación, enarbolaron el rumbo, lo fijaron y ya no volvieron a moverse de ahí. Supieron ser fuertes en momentos extremos como el atroz ultimátum exigiendo la liberación de los presos para salvar la vida de Miguel Angel Blanco y promovieron iniciativas políticas y legales de enorme calado y eficacia en la lucha contra el terrorismo.

Yo sugeriría al Partido Popular que para librarse de los ataques o de la utilización constante que sus adversarios hacen de aquellas dudas iniciales, reconozca con humildad y sencillez aquellos errores. Los españoles sabremos apreciar esa  sinceridad y arrepentimiento y sus contrincantes se quedarán sin argumentos. Además,  si hay quién está dispuesto a sacar a los terroristas de la cárcel por una interesada petición de perdón, cuanto menos vamos a comprender a los políticos que reconocen que se han aventurado, aunque sea efímeramente,  por caminos equivocados. Ojalá el partido socialista se arrepintiera  de haber negociado con los terroristas y declarase públicamente que no tiene intención de favorecer la transformación de la “bazofia” de Eta en un integrante más de la esfera pública, ni  tiene diseñado un plan de excarcelaciones masivas de terroristas. Ojalá.

A quién nunca cogerán en un renuncio es a las familias de las víctimas. No hay más que leer la revista La Razón editada por la AVT desde 1990 hasta 2001 y actualmente accesible en internet,  para comprobar que sus reivindicaciones y anhelos, tantas veces ignorados, han sido siempre los mismos, Si el referente de los gobernantes fuesen ellas, no cabrían dudas sobre las prioridades: memoria, dignidad y justicia.

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Acerca de Ana Velasco Vidal-Abarca

En este blog pretendo recoger mis reflexiones sobre el irreparable daño que ha causado el terrorismo en España y sobre la necesidad de que no obtenga réditos sociales ni políticos por sus crímenes. Pretendo denunciar las complicidades, las omisiones, los errores que han rodeado el combate contra el terrorismo separatista vasco y pretendo reclamar el derecho irrenunciable de las víctimas a la justicia y la obligación del Estado de Derecho de garantizar la igualdad, la libertad y la seguridad de todos los españoles.
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