Somos lo que hicimos

Publicado en El Mundo el1 de agosto de 2010

“Somos lo que hicimos” dice una conocida máxima. Parece que para el Gobierno de España no es así. Parece que para el ministro del Interior los asesinos en serie de Eta no son lo que hicieron. Basta con que declaren de forma calculada e interesada que “no comparten los postulados de la banda” para que magnánimamente se interprete que están arrepentidos. Arrepentidos cuando están en la cárcel y tienen una contrapartida que obtener, pero no después del primer crimen, ni del segundo, ni del tercero, ni del decimoquinto, o del vigésimo….no, sólo se arrepienten  cuando les esperan 3000 años de prisión. Aun así, el Gobierno se apresta a creerlos, a darles un vergonzante trato de favor, una recompensa repugnante como colofón a sus siniestras carreras de matarifes. ¿Por qué? ¿Qué beneficio creen que van a obtener actuando de una forma tan indigna? ¿Merece la pena degradar así la  integridad del Estado? ¿El supuesto fin justifica tamaña injusticia?

Es desolador que las familias tengamos que estar continuamente alerta, vigilando las maniobras de los gobiernos para que no traten de engañarnos una y otra vez en lo que más nos importa y que además es lo único que puede restituir mínimamente el daño causado: que se haga Justicia.  Nos la intentan escatimar utilizándola como un arma de negociación o de presión e ignoran que es un derecho irrenunciable para nosotros. No importa la cantidad ni la gravedad de los delitos, cada cual debe cumplir su condena, la que le corresponda. Ese el auténtico y más sincero homenaje a las víctimas: la Justicia. Los solemnes actos institucionales reconfortan y dignifican pero se quedan vacíos sí por detrás se hurta el más elemental de los derechos –vuelvo a repetir- la Justicia.

Lo mismo ocurre con las iniciativas legislativas o con las actuaciones judiciales. ¿De qué sirve la no prescripción de los delitos de terrorismo recientemente aprobada por las Cortes? ¿De qué sirven los  juicios sí después no se cumplen las sentencias? ¿Es todo acaso una puesta en escena, una farsa que se desmantela al bajar el telón?, ¿Una pantomima para guardar las apariencias?

Para acabar con el terrorismo no vale todo. La Justicia debe ser un eje esencial al margen de planteamientos tácticos y los asesinos han de tener la seguridad absoluta de que pagarán por sus crímenes. Es más, sí alguno de ellos estuviese de verdad arrepentido –cosa que dudo- sería él mismo quién querría cumplir su pena para tratar de expiar el daño causado porque sería consciente de que cuando un culpable queda impune vive preso de la deuda que nunca pagó y no podría soportar el peso de una culpa tan atroz. ¿Es este  el caso, señor Rubalcaba?

 

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Acerca de Ana Velasco Vidal-Abarca

En este blog pretendo recoger mis reflexiones sobre el irreparable daño que ha causado el terrorismo en España y sobre la necesidad de que no obtenga réditos sociales ni políticos por sus crímenes. Pretendo denunciar las complicidades, las omisiones, los errores que han rodeado el combate contra el terrorismo separatista vasco y pretendo reclamar el derecho irrenunciable de las víctimas a la justicia y la obligación del Estado de Derecho de garantizar la igualdad, la libertad y la seguridad de todos los españoles.
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