Intervención en la presentación del libro Cuando la maldad golpea

En primer lugar quiero agradecer a la Fundación Villacisneros y a la Asociación de Víctimas del Terrorismo que hayan tenido esta iniciativa tan humana, tan profunda y emotiva que acerca a la sociedad los sentimientos de algunas de las muchas personas que nos hemos visto sacudidas por el terrorismo. Es muy esperanzador que una institución privada como la Fundación Villacisneros trabaje desinteresadamente para una causa tan justa como lo es la de las víctimas y se esfuerce por hacer llegar nuestro mensaje a la sociedad. Gracias, de verdad. Ojalá sigan su estela muchos más.

Lo más difícil de asimilar cuando se sufre el ataque del terrorismo es la constatación de que ha sido la maldad intencionada la que ha provocado el dolor, la pérdida irreparable. Saber que ha sido la voluntad de otros la que ha arrancado la vida de personas inocentes, que esa maldad les ha robado la vida que tenían que haber vivido. ¿Cuántos años de vida ha arrebatado ETA a sus víctimas? ¿Cúantos futuros ha truncado? Nunca se puede aceptar que otros decidan sobre la vida de los demás, cuando deben morir. Es lo más duro y terrible de superar, la maldad humana. Tampoco se debe olvidar nunca por qué los mataron, qué simbolizaban. Debemos ser conscientes de que con sus vidas han salvaguardado las nuestras y que por ello son patrimonio de todos los españoles.

Cuando se recibe un golpe tan tremendo, cada persona tiene sus propios resortes para sobreponerse, para salir adelante. En mi caso, el ejemplo de mi madre, Ana María Vidal-Abarca, a la que es imposible que pueda admirar más, ha sido determinante. Su fuerza, sus convicciones, su dedicación a la causa de las familias afectadas por el terrorismo, su constante reivindicación de justicia, han sido un referente que me ha servido para comprender que cuando la maldad golpea no podemos dejarnos someter por ella.

Y aunque siempre se vive con la ausencia en el corazón, se sobrelleva mucho mejor al sentirse arropado, por la sociedad, pero también por el Estado, que se supone que es de Derecho y que ha de garantizar que la “Justicia sea igual para todos”. Para tener paz espiritual es fundamental confiar en las instituciones, las que tienen que garantizar que cada cual reciba lo que se merece, las víctimas justicia y los asesinos el castigo proporcional al daño que han causado.

Sin embargo, en estos “nuevos tiempos”, cómo los llaman algunos, tiempos que yo considero “opacos”, en los que algunos agentes políticos dicen trabajar “discretamente” sin querer decir para qué, nos encontramos con desoladoras situaciones en que asesinos en serie salen en libertad después de cumplir menos de tres años de condena por cada uno de sus crímenes y son recibidos en sus pueblos con impunes homenajes.

Sabemos que existen fortísimas presiones para que los terroristas salgan de la cárcel, que se les pretende llamar “presos políticos” y que incluso el Parlamento Vasco avala semejante denominación sin que ninguna instancia superior lo impugne. Hay 326 familias que no saben quién asesinó a sus seres queridos, muchos de los casos han prescrito porque no han sido investigados durante años y por tanto los asesinatos quedarán impunes.

El arrinconamiento público de lo que simbolizan las víctimas es cada vez mayor y no por casualidad. Hace poco tiempo escuché el testimonio de una chica italiana que contaba como en una estación de trenes en Italia en la que se produjo un atentado, cada vez que se intentaba poner una placa conmemorativa, la mafia la retiraba porque lo que buscaba era el olvido, que nadie recordase lo que allí había pasado. En España aún ha sido peor, durante décadas a los terroristas les dedicaron calles y plazas sin que nadie lo evitase. Que los amigos de Eta hayan regresado a los Ayuntamientos de esos pueblos es un motivo de gran inquietud y preocupación.

Porque -al menos en mi caso- aunque en el plano personal e íntimo hay pérdidas que nunca se superan, se vive con ellas, es la derrota sin condiciones del terrorismo -también en el ámbito político- y la justicia, lo único que nos puede dar sosiego y es además lo que España se merece, no nos podemos conformar con menos.

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Acerca de Ana Velasco Vidal-Abarca

En este blog pretendo recoger mis reflexiones sobre el irreparable daño que ha causado el terrorismo en España y sobre la necesidad de que no obtenga réditos sociales ni políticos por sus crímenes. Pretendo denunciar las complicidades, las omisiones, los errores que han rodeado el combate contra el terrorismo separatista vasco y pretendo reclamar el derecho irrenunciable de las víctimas a la justicia y la obligación del Estado de Derecho de garantizar la igualdad, la libertad y la seguridad de todos los españoles.
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3 respuestas a Intervención en la presentación del libro Cuando la maldad golpea

  1. Pingback: “Si no hubiera habido amnistía en 1977, centenares de españoles no habrían sido asesinados” | Tradición Digital

  2. Pingback: Anónimo

  3. ELENA Y LUISAN dijo:

    ANA TE ESTAMOS VIENDO Y QUE DIGNA HIJA DE TU MADRE ERES!!!!!! QUE ORGULLO!!!!!QUE DURO TENER QUE SEGUIR PELEANDO DESPUÉSDE 30 AÑOS!!!!! TE QUEREMOS LUISAN Y ELENA

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