Las “violencias” de Urkullu

Publicado en El Mundo el 31 de octubre de 2014

A tenor del deseo pública y reiteradamente expresado por el lehendakari Urkullu,  las políticas sobre ETA –que no en su contra- cada vez están más dirigidas hacia la “reconciliación” y la búsqueda a cualquier precio de la “paz”. Esta cuestión, de enorme trascendencia social y ética, ha pasado a ser tratada con un perfil tan  bajo que se ha convertido en casi clandestina, aplicando una estrategia diseñada a la medida de los intereses del nacionalismo vasco.

Ocurre, sin embargo, que ese perfil bajo, ese marcar el paso, las pautas y los tiempos por los nacionalistas, seguido a pies juntillas por el Gobierno de la Nación, lo que está consiguiendo  es favorecer que se asiente la tesis del olvido sin justicia, de los falsos arrepentimientos, de  la equiparación de “violencias”, de la difuminación de la culpa y de la permisividad con la propaganda justificadora de tantos años de terror.

Una prueba irrefutable de los planteamientos que está promoviendo y ejecutando el gobierno vasco sin resistencia por parte de prácticamente nadie, la encontramos en el artículo publicado recientemente por Iñigo Urkullu en este diario, en el que con muy buenas palabras, concesiones iniciales y eufemismos varios, acusa solapadamente de torturadoras a las Fuerzas de Seguridad del Estado al aseverar “estamos trabajando en la clarificación de violaciones de derechos humanos de todo signo y en el reconocimiento de todas sus víctimas”. Esos “todos” que tanto gustan de emplear los que buscan la equiparación, los que pretenden poner en el mismo plano al que mata y al que muere, los que creen que en ocasiones el crimen puede tener una motivación redentora, los  encontramos por doquier en  los documentos que elaboran  los organismos de la comunidad vasca dedicados a buscar la “reconciliación”.

Urkullu nos propone que “todos” – ¿quiénes son todos?- hagan una revisión crítica en materia de derechos humanos y quizá por eso, porque cree que los crímenes cometidos por ETA tenían una cierta justificación, se empeña en presionar –con éxito- para que se modifique la política penitenciaria y además diseña políticas de “resocialización de presos” –léase de etarras, los demás no le importan nada-  repitiendo una y otra vez, sin aclarar a que se refiere –aunque lo sabemos perfectamente-que es necesario el reconocimiento del “daño causado” –como si fuera un pellizco de monja- que han provocado el terrorismo, la violencia y “todas” –otra vez- las vulneraciones de derechos humanos. Parece claro que el lehendakari considera que el Estado Español tiene la misma responsabilidad que  ETA con sus 858 asesinatos, por cierto, buena parte de ellos de policías y guardias civiles sobre los que extiende mezquinamente la sombra de la sospecha, sin valorar ni por un instante su sacrificio y abnegación.

Señor Urkullu, hace tres años que ETA anunció –con otro eufemismo de los que a usted tanto le gustan- el cese definitivo de la “actividad armada”, pero no anunció su final, como usted dice en su artículo. Por favor, sea más riguroso en sus afirmaciones -el cargo obliga- y aunque es cierto que ahora vivimos más tranquilos, no podemos renunciar a aspirar a vivir libres de intoxicaciones, de mentiras injuriosas y de planes de paz manipuladores que lo que buscan   es redimir a los culpables mientras estigmatizan a las víctimas llamándolas vengativas si no se avienen a los nuevos tiempos. Unos nuevos tiempos que pretenden basar la convivencia  en la impunidad política, social y penal de los más abyectos criminales que España ha padecido en siglos. No todos somos iguales, señor Urkullu, ni tenemos la misma responsabilidad en el “daño causado”. No hay más que leer la nauseabunda entrevista al carnicero de Mondragón, ese que ha sido excarcelado gracias a la derogación de la doctrina Parot, para darse cuenta. Si se quiere.

 

 

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Acerca de Ana Velasco Vidal-Abarca

En este blog pretendo recoger mis reflexiones sobre el irreparable daño que ha causado el terrorismo en España y sobre la necesidad de que no obtenga réditos sociales ni políticos por sus crímenes. Pretendo denunciar las complicidades, las omisiones, los errores que han rodeado el combate contra el terrorismo separatista vasco y pretendo reclamar el derecho irrenunciable de las víctimas a la justicia y la obligación del Estado de Derecho de garantizar la igualdad, la libertad y la seguridad de todos los españoles.
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