Una heroína con estilo

Por Luis Figuerola-Ferreti.

Publicado en elduendedelaradio.com el 23 de junio de 2015

Sientes una lanzada en la espalda y la despiadada llegada del verano. Lo sientes mientras con tu amigo Eduardo pasas el sábado invitado en un cortijo rodeado de tierras de labranza, abiertas y despejadas, a orillas del Tajo. Estos paisajes en clima tan extremoso debieron de marcar la reciedumbre del paisanaje de antaño. Sólo la visión del río semiembalsado por el pantano de Azután, unos alfalfares verdes como esmeraldas y algunos pinos, fresnos, olivos y encinas refrescan la aridez del horizonte castellano manchego.

La lanzada va contigo: hoy pasarás por el despacho de los oncólogos que te vigilan para analizar el curso de tu herida. El resto de las circunstancias te llevan a evocar la grandeza del héroe tal como te lo explicaban don Celestino y Don Augusto, tus profesores de literatura. El anfitrión se llama Ramón, y es hijo de maestra. Por las noches, antes de acostarse, costumbres de aquellos tiempos, dice que su madre les recitaba poemas. A ti se te ocurre imaginar lo que sería una cabalgada del Cid campeador por esas tierras tal como la glosa Manuel Machado, el infierno que incubaba el so l bajo el casco, la cota de mallas y la coraza, el sudor que chorreaba desde la coronilla del caballero hasta las ijadas del caballo. Instintivamente dices en voz alta.

El ciego sol, la sed y la fatiga/ por la terrible estepa castellana…

-…al destierro, con doce de los suyos/ polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga- rematan tus compañeros de cabalgada.

El Mío Cid, el Quijote, Guzmán el Bueno…Nuestros héroes, antes de que Supermán, Batman y el Capitán América saltaran de los tebeos a las grandes superproducciones de Hollywood.

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También vivíais de heroínas. Si las queríais con armadura teníais a Ingrid Bergman o a Jean Seberg en sendasJuana de Arco. Pero a ti te gustaba más la Agustina de Aragón de Juan de Orduña, porque aquella Aurora Bautista, descotada y agitando la bandera con voz desgarradora mientras alentaba al pueblo contra el gabacho invasor te emocionaba mucho. Además ahí aprendiste El sitio de Zaragoza, una música muy marchosa que luego recreaba laBanda Municipal en los conciertos de primavera del kiosco del Retiro, y gracias a Fernando Rey te enteraste de que los grandes generales del siglo XIX como Palafox lucían patillas como hachones. La película la echaban en el colegio el día del Pilar, probablemente para alimentar la fe en la patrona de los marianistas. Qué ingenua se ve ahora aquella panoplia de heroínas, cuando las figuras eran Santa Teresa Agustina de Aragón, Florence Nightingale oAna Frank, por ejemplo, y no Shakira, Lady Gaga, Belén Esteban, Ada Colau o esa concejala tan elegante que se presenta orgullosa recordando, lo primero, su condición de bollera, como si al pueblo le fueran a bajar por eso el precio del pan. Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras.

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Tus heroínas de ahora son como Ana Vidal-Abarca, que se ha ido de nuestro lado discretamente, sin perderle la cara a la enfermedad, sin dejar de disfrutar la vida, por mal que la tratase, sin perder su elegancia y su sonrisa jamás y sin permitir que cayese en el olvido ni la vileza de los que asesinaron a su marido el comandante Velasco ni el valor cívico de la Asociación de Víctimas del Terrorismo que ella creó para perpetuar la memoria de los muertos por ETA y sacudir a las conciencias que, adormiladas por la desidia o por el miedo claudicaba ante el terrorismo. Todo lo sobrellevó y lo peleó con una fuerza, una dignidad y una generosidad de miras admirable. La última vez que te encontraste con ella en el Hospital de Sanchinarro la abrazaste emocionado, sabedor de que ahora vuestro enemigo común no hace tanto daño social como la canalla terrorista, pero también mata.

-Gracias, Ana María- debiste decirle.

Se las podría dar también cualquier español bien nacido, pero tú con razón de más. Pues al poco de instalarse en Madrid, viuda y con sus cuatro hijas, una de las pequeñas que presenció cómo los pistoleros mataron a su padre cuando las llevaba al colegio, entró a trabajar en tu agencia, y a todos impresionó que aquella criatura de dieciséis años fuera lo más dispuesta, eficaz, generosa y simpática que pasó por allí, como si en su casa nunca hubiera pasado nada malo. Años después la agencia cerró, y otros años más tarde tú ingresaste en el club de los cancerosos, y desde entonces, un ejemplo, no hay día de Navidad que esa deliciosa Inesita, hoy madre de tres jayanes como los Gasol, no se presente en tu palomar portando una caja de vinos, un bizcocho horneado por ella o cualquier otro detalle dedicado a ti. Como por diferencia de edad y otras circunstancias ambos quedáis fuera de toda sospecha, sueles darle las gracias, la felicitas y le dices que la quieres mucho, a lo que ella sonríe con cierta timidez y proclama.

-Tú siempre serás mi jefe.

La sonrisa de Inés. Otro argumento más para admirar a esa madre capaz de haber cabalgado por encima de la adversidad, del sufrimiento y el odio dejando a su paso una escuela de valor, de cariño y de simpatía que nos hace mejores a todos. Por sus frutos los conoceréis, dice Mateo de los árboles buenos. Tú has tenido la suerte de conocer los de una heroína de nuestro tiempo distinguida además por su discreción y por su finísimo estilo.

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Acerca de Ana Velasco Vidal-Abarca

En este blog pretendo recoger mis reflexiones sobre el irreparable daño que ha causado el terrorismo en España y sobre la necesidad de que no obtenga réditos sociales ni políticos por sus crímenes. Pretendo denunciar las complicidades, las omisiones, los errores que han rodeado el combate contra el terrorismo separatista vasco y pretendo reclamar el derecho irrenunciable de las víctimas a la justicia y la obligación del Estado de Derecho de garantizar la igualdad, la libertad y la seguridad de todos los españoles.
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