Hasta aquí hemos llegado

Publicado en El Mundo el 13 de noviembre de 2020.

Hasta aquí hemos llegado. Qué gratificante hubiera sido escuchar esas palabras desde la Tribuna de los Oradores del Congreso dirigidas hacia quienes debían dirigirse, hacia esos representantes de la indignidad que se sientan en la sede de la soberanía popular a pesar de las ideas que defienden y los comportamientos criminales que avalan. Pero no. No hemos escuchado esa declaración de intenciones tan necesaria, tan imperativa, tan redentora, sino que lo que nuestra atormentada sociedad ha recibido, entre desolada y rendida, ha sido el mensaje definitivo de que esos miserables que jalean la muerte deben ser, son ya, los compañeros de este Gobierno indecente que pisotea el tributo de sangre de los españoles caídos en defensa de la libertad y de la Nación. 

Se ha culminado un proceso sucio y oscuro, lleno de mentiras y traiciones, tan indigno que ni siquiera sus promotores se atreven a desvelar las miserias que esconde. No hace falta. Han ido aflorando una a una del barro en el que se ocultaban. Quizá ahora haya quien se arrepienta, quien lamente no haber destruido a la serpiente pudiendo haberlo hecho; y también habrá quien se aflija de haber seguido estrategias tortuosas, interesadas y cortoplacistas sin calibrar los peligros que encierran los movimientos que alimentan a los monstruos que nos pueden devorar.

Y ese monstruo que ha estado cincuenta años tratando de destruirnos quiere seguir, va a seguir.  “Vamos a Madrid a tumbar al régimen”, dicen. Y el Gobierno que tanto ha mentido, no solo calla sino que consiente que uno de sus miembros más destacados afirme que la organización transmutada “participará en la dirección del Estado”. Y, pasando por encima del horror de muchos españoles, habrá quien se alegrará de que eso ocurra y creerá que hay que asumir con naturalidad que esa banda criminal legitimada intervenga en la gobernación de España, a pesar de que lo que quieren es destruirnos,  de que apoyan a quienes han matado, reivindican su pasado sangriento y anuncian sin pudor sus intenciones, las mismas de siempre. 

Aunque, pensándolo bien, no deberíamos sorprendernos porque el terrorismo separatista vasco ha influido en la política desde la transición.  Cada crimen respondía a un objetivo y muchos se consiguieron por la debilidad o por las decisiones bienintencionadas pero equivocadas de los gobernantes. Lo han reconocido públicamente algunos de los ministros de la lejana UCD, como Otero Novas, que habló del error del apacigüamiento frente a Eta que en tantas ocasiones se ha intentado. Y así, muerto a muerto, esos asesinos y sus tantos aliados han cincelado, eliminando obstáculos, el País Vasco que querían construir. Ahora, tras las negociaciones que les han permitido acceder a las instituciones y no solo condicionar Gobiernos sino ser sus aliados, persistirán en el empeño de alcanzar lo poco que les queda ya por conseguir y contarán para ello con la colaboración entusiasta de quienes dirigen por rumbos siniestros el destino de nuestro dolorido país. Hemos llegado hasta aquí, pero nadie ha dicho a quién debía “hasta aquí hemos llegado”. Y por eso, los representantes de Eta en el Congreso -que nunca debieron estar ahí-, en esa misma tribuna en la que el Gobierno otorga, golpean profundamente nuestra dignidad colectiva y nuestros sentimientos y anuncian altaneros que “Hoy no acaba nada. Hoy empieza todo”. Lo terrible es que tienen razón.

Acerca de Ana Velasco Vidal-Abarca

En este blog pretendo recoger mis reflexiones sobre el irreparable daño que ha causado el terrorismo en España y sobre la necesidad de que no obtenga réditos sociales ni políticos por sus crímenes. Pretendo denunciar las complicidades, las omisiones, los errores que han rodeado el combate contra el terrorismo separatista vasco y pretendo reclamar el derecho irrenunciable de las víctimas a la justicia y la obligación del Estado de Derecho de garantizar la igualdad, la libertad y la seguridad de todos los españoles.
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2 respuestas a Hasta aquí hemos llegado

  1. Muchas gracias, Sara. Sí, lo es. Muy duro y doloroso.
    Leo tus relatos. Son muy buenos.
    Un abrazo

  2. Sara Torralba Ruiz de Azua dijo:

    Un abrazo enorme, Ana.
    Todo esto es espeluznante y lejos de castigar a los asesinos, se les sienta en el congreso con el ánimo de dirigir un país

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