No todo ha terminado

Publicado en El Correo el 2 de julio de 2021

Vitoria es una ciudad silenciosa, su seriedad contrasta con el bullicio de Madrid, su cielo, tantas veces gris, con el brillante azul de la capital de España. Vitoria, ciudad contenida, sosegada, cómoda, es desde el primero de junio la sede del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Llego una mañana fría a pesar de que ha comenzado el verano. El cielo, triste, amenaza lluvia. Los recuerdos se agolpan, afloran intensos, como si fuesen presente, como si fueran algo físico y eterno. Están vivos y duelen. Vitoria, la ciudad apacible que guarda secretos de un pasado que aún existe.

El Centro Memorial ocupa un edificio noble de fachada clásica e interior austero. Fue la sucursal del Banco de España. Ahora atesora una historia tan reciente que todavía no lo es. Sencillo y mesurado, como la ciudad que lo acoge, ofrece una memoria institucional, académica, didáctica, sobria. Una memoria para los que solo sabrán lo que se les cuente. Expone una visión un tanto aséptica, que no incómoda en exceso, que no revuelve las entrañas. Nos muestra distintos terrorismos aunque en algún lugar se puede leer que en el País Vasco el 92 por ciento de las muertes las produjo Eta. En esta historia se difuminan algunas responsabilidades que han hecho posible la pervivencia del terrorismo separatista de Eta. Se cargan las culpas en el “nacionalismo radical” y se obvian las complicidades del “árbol y las nueces”.

Los testimonios se centran en el desgarro humano, en la pérdida, en el dolor de las familias. Y a la vez se reivindica el significado político de las víctimas ya que, “con ellas se quiso eliminar el pluralismo y por tanto se atacó a toda la sociedad”. En este punto cabe preguntarse, con cierto miedo a desafiar a la corrección política, si los Gal pueden englobarse en esa definición ya que su objetivo no era eliminar el pluralismo sino combatir al terrorismo utilizando ilegalmente los medios del Estado, lo que provocó un daño inmenso a la legitimidad democrática de la lucha contra Eta.

En cuanto a la justicia, se menciona su valor redentor y se recuerda la afortunada aseveración de Antonio Beristáin de “in dubio, províctima”, que ojalá fuese cierta. La realidad es que no solo se produce la doble victimización por no dar aviso de los juicios o por los casos sin resolver, también ocurre cuando se elaboran estrategias de política penitenciaria para conceder a los terroristas privilegios en el cumplimiento de las condenas.

En el recorrido histórico que hace el memorial llama la atención que se tilden los trágicos sucesos del 3 de marzo de 1976 como “obstáculos a la democracia”, lo que podría hacer pensar en una velada forma de denunciar terrorismo de Estado. Y se mencionan los secuestros sin explicar que solo sobrevivían a los mismos quienes pagaban rescate o eran liberados por la policía.

El proceso de Burgos se considera un momento histórico determinante pero no así la amnistía de 1977 que ni siquiera se menciona a pesar de la inmensa trascendencia que tuvo al propiciar que 71 asesinatos cometidos por Eta quedasen impunes y que los peores criminales que sembraron España de muerte y dolor en los años 80 y 90 fueran etarras amnistiados. De esto no queda constancia en la memoria oficial.

En el ámbito político se reconoce que nuestros representantes han seguido un camino lleno de “altibajos”, sin mencionar las negociaciones de los sucesivos gobiernos con Eta, y se denomina al pacto de Ajuria Enea -que tan pocos frutos produjo- “gran pacto vasco contra el terrorismo” en contraposición con el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, que sí supuso un impulso fundamental en la lucha contra Eta y que el PNV no apoyó.   

A pesar de estas carencias, el espíritu, el lenguaje, el fin del memorial no deja dudas, reconoce a las fuerzas de seguridad del Estado su trabajo incansable, su valor y sacrificio, no emplea términos intoxicadores como conflicto, torturas, presos, violencia, vulneración, violación de derechos, que tan hábilmente utilizan los nacionalistas. En el memorial no existe ni un atisbo de justificación. Está todo claro. Lo que sí hay en ocasiones es una sustitución de la realidad por el deseo. No todo se ha hecho bien, ni ha terminado todavía, ni ha terminado bien.

Agradezco infinitamente el reconocimiento a Ana María Vidal-Abarca, primera en defender los derechos de las víctimas, que nació y creció muy cerca de dónde hoy se la recuerda, que vivió en esta ciudad querida junto con su marido asesinado, Jesús Velasco Zuazola, militar y jefe de los miñones de Álava. Ambos profundamente vitorianos y españoles, ambos expulsados de esta tierra que aún cobija en sus entrañas el sufrimiento de los perseguidos. Y pido a los responsables del centro que muestren sin pudor la verdad, la verdad del instante de la muerte en una cartera.

Regreso a Madrid, ciudad de acogida. En Vitoria queda el tiempo robado, lo que no pudo ser, lo que el terrorismo truncó, la historia que todavía no es.

Acerca de Ana Velasco Vidal-Abarca

En este blog pretendo recoger mis reflexiones sobre el irreparable daño que ha causado el terrorismo en España y sobre la necesidad de que no obtenga réditos sociales ni políticos por sus crímenes. Pretendo denunciar las complicidades, las omisiones, los errores que han rodeado el combate contra el terrorismo separatista vasco y pretendo reclamar el derecho irrenunciable de las víctimas a la justicia y la obligación del Estado de Derecho de garantizar la igualdad, la libertad y la seguridad de todos los españoles.
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4 respuestas a No todo ha terminado

  1. Muchas gracias, María. Un fuerte abrazo.

  2. Enrique García Ormaechea dijo:

    Me ha emocionado tu artículo Ana Velasco, y tu mesura, dadas tus terribles circunstancias respecto al terrorismo etarra. Yo creo que hay que ir más allá, buscando la indudable responsabilidad moral del partido nacionalista vasco PN V y la humillación y la rabia heroicamente contenido de los guardias civiles compañeros de aquellos que murieron en el cumplimiento de su deber al retirar las ikurriñas entonces ilegales.
    No hay derecho que ahora se les haga saludar oficialmente la ikurriña.
    No hay derecho a que la bandera de un partido político que representa a unos pocos o muchos, me da igual, que se aprovecharon de la violencia terrorista, sea ahora la bandera de un territorio que acoge a una población mucho mayor que la secesionista. ¿ en qué otro país se ha visto nunca eso? ¿Alguien puede imaginarse que la bandera del PSOE fuese la de Andalucía o que la bandera del PP fuese la de Madrid? No es justo que una bandera partidista se haya impuesto a todos con el terror y la sangre y mientras eso no se reconozca no se honrará sinceramente a sus víctimas

  3. Maria Pérez Fernández dijo:

    Querida Ana, tus certeras palabras para hacernos sentir la verdad me han conmovido. Un abrazo muy muy fuerte.

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